Violaba a su hija diciéndole que si no se dejaba no podría romper un hechizo que le habían hecho
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Será juzgado por la Audiencia Provincial de Las Palmas. También maltrató de forma habitual a su mujer a la que trataba como una «esclava»La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas juzgará a un individuo que reconoció durante la fase de instrucción que violaba de forma sistemática a su hija haciéndola creer que si no se dejaba, no iba a poder romper un supuesto hechizo que le habían hecho ya que él se dedicó durante toda su vida a la brujería. De la misma forma, el procesado maltrató y vejó de forma continuada a su esposa durante años, tratándola como a una «esclava», según declaró la propia víctima. Todos estos hechos se produjeron en la capital grancanaria y como consecuencia de los mismos, las dos mujeres fueron consideradas como víctimas especialmente vulnerables por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Las Palmas de Gran Canaria y padecen importantes secuelas psicológicas.
El auto de procesamiento describe unos hechos dantescos cometidos por M. A. A. G. en el periodo de tiempo comprendido desde que su hija tenía seis años hasta que cumplió los 23. Según la autoridad judicial, este individuo convirtió el «ámbito familiar en un microcosmos regido por el miedo y la dominación» donde sus hijos y su esposa habían vivido «sometidos a numerosos actos de violencia física, verbal y psicológica», narró, aunque profundizando en los presuntos hechos delictivos cometidos sobre su mujer y su hija.
Empezando por lo sufrido por la joven, la autoridad judicial determina en esta resolución que los hechos vieron la luz en el seno familiar el 29 de septiembre de 2018, cuando el procesado se encontraba en su casa acompañado de su esposa y sus dos hijos mayores y la víctima les dijo a todos que este había abusado de ella «desde que era menor de edad». Entonces fue cuando se decidió a denunciarlo en compañía de su madre, que también quiso poner en conocimiento de las autoridades judiciales la tortura que había padecido a manos de su marido durante años.
La hija relató que los abusos comenzaron cuando tenía «seis o siete años». En esa época su padre le «tocaba los pechos delante de la familia a ver si me habían crecido», como «si fuera una broma», pero los tocamientos los llevaba a cabo de forma reiterada «por encima y por debajo de la ropa» y también le daba besos en la boca.
En otra ocasión, cuando la menor contaba con 15 años, estaba sentada en la cama y aprovechando que no había nadie más, su padre se sentó a su lado y empezó nuevamente a tocarle los pechos y fue bajando la mano en dirección a sus partes íntimas, aunque la niña entonces le recriminó esa actitud. Él le dijo que «no estaba abusando de ella» e intentó ponerse encima suya, aunque luego se levantó, «todo ello con ánimo libidinoso», detalló la magistrada instructora María Auxiliadora Díaz Velázquez.
Esta dinámica continuó durante años hasta que cumplió la mayoría de edad, todo ello mientras le hacía ver a su hija que los tocamientos eran «algo normal», manifestó ella en sede judicial.
Cuando cumplió los 21 años, esta mujer se fue a vivir con su pareja sentimental pero dejó una copia de las llaves de su nueva casa en el domicilio de sus padres. Esta circunstancia la aprovechó M. A. A. G. para hacerse con ellas y empezó a frecuentar la casa de su hija cuando su pareja no se encontraba dentro. Como se dedicaba a la brujería y desde niña ella «había creído en las ideas fundadas por su padre», destacó el auto, este se aprovechó de su ascendencia para hacerla creer que si no accedía a mantener «contactos sexuales completos con él, le iba a parar un mal a ella y a toda la familia», describió la jueza.
«Me dijo que me habían hecho brujería y que me acostara con él para romper el hechizo», manifestó la víctima, reconociendo que mantuvieron relaciones sexuales completas «varias veces», pero dejando claro que siempre fue en contra de su voluntad.
De la misma forma que la coaccionaba con ese supuesto hechizo, le decía que su madre y hermano «no lo podían saber porque era brujería y se rompería el vínculo familiar», expuso. «Me callaba por no hacer daño a mi madre», añadió.
Incluso, dentro de esos abusos que disfrazaba el procesado como rituales de protección contra maleficios, muchas veces ponía velas alrededor del sillón donde cometía los hechos, le ponía collares a su hija y tenía que repetir un rezo mientras este la tocaba. Incluso la obligaba a realizarle felaciones para luego introducir su semen en una botella y le dijo también en otro momento que el ritual no había funcionado y, por ello, tenían que repetir los actos sexuales debido a que ella «no lo había hecho con placer» y así no era válido.
Fue tal el sometimiento que sufrió esta joven que incluso llegó a pagar a santeros para «intentar entender» si lo que le hacía su padre era «brujería o por abusos». Todos le respondieron que era por lo segundo: su padre la estaba violando.
En el año 2013 le dio un ictus a su padre y lo dejaron ingresado en la Clínica Santa Catalina. Ella fue a visitarlo y, en un momento dado, M. A. A. G. le dijo que tenía que masturbarlo y «que si lo hacía se le quitaría la enfermedad». La joven se negó y le respondió que si seguía atosigándola de esta forma, se lo iba a contar todo a su madre, por lo que cesó en su actitud delictiva.
Como consecuencia de todos estos hechos reconocidos por su padre, esta mujer sufre importantes secuelas psicológicas que le han llevado incluso a querer quitarse la vida y a condicionar sus relaciones, tanto con su pareja sentimental como con el resto de su entorno.
Este procedimiento fue enviado por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Las Palmas de Gran Canaria a la Sección Segunda de la Audiencia Provincial -especialista en esta materia- y está a la espera de que la Fiscalía presente su escrito de acusación.
El procesado M. A. A. G. sometía a su entorno familiar a un calvario diario y la diana de sus ataques constantes era su esposa, quien a su vez ignoraba por completo que él abusaba sexualmente de su propia hija.
La instructora detalla en su auto de procesamiento que este individuo «desde el inicio de la relación y de forma más acusada desde 2013», vejó de forma continuada a su esposa con expresiones tales como «esclava, hija de puta, eres una guarra, te has acostado con Pepe», narra.
De la misma forma, durante toda la relación y como así reconoció el propio procesado, obligaba a su pareja a realizar las labores de la casa y de su cuidado personal «hasta el punto de tener que servirle el agua, etcétera», así como no le permitía disponer de su propio dinero para ser totalmente autónoma, sino que debía de pedirle continuamente «gastando solo lo que este acordaba bajo su autoridad», expone el documento.
Entre los diferentes hechos que narró esta mujer a la magistrada María Auxiliadora Díaz Velázquez, contó como en el mes de abril de 2018 y estando en el domicilio particular, M. A. A. G. se dirigió a ella gritándole «un día cojo y te rajo el cuello, un día le pego fuego a la casa».
En estos momentos y a la espera del juicio, el procesado se encuentra en libertad provisional investigado por el delito continuado de abusos sexuales, maltrato habitual, vejaciones continuadas y amenazas en el ámbito familiar. Tiene una orden de alejamiento con respecto a las dos víctimas.
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