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Este fin de semana falleció en la capital grancanaria Antonio Martín Morán, fundador y presidente de la mercantil Aframar, S.L.
Como empresario, se forjó a si mismo. Trabajar con eficiencia era su mayor preocupación. Su trayectoria fue perseverante, un hombre dedicado íntegramente a su negocio; para él, no había escalas en el trabajo. Como profesional era intenso, constante, no le gustaba dejar cabos sueltos ni nada para mañana.
Antes de pasar a verter su currículum, dícese que este debe contener un historial espontáneo y buenos ingredientes, señalando: «El currículum es una autobiografía en telegrama que debe alcanzar la precisión de un soneto gongorino, eliminando todo aquello que pueda romper su armonía. Debe ser exacto y funcional como el vuelo de una gaviota. En el historial, tan importante como lo que se dice es aquello que se omite».
Nacido en el popular barrio de La Isleta (Puerto de La Luz) de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en el mes de diciembre de 1937. Desde muy corta edad, compaginando estudios y juegos, ayudaba a sus padres en la tarea del sustento familiar... por ello, muy pronto «principió» las lecciones en el augusto mundo de los frutos del mar.
Su trayectoria se considera como la del joven isleño, pantalón corto y camisa de franela. Con la única ayuda de una caña, tanza, anzuelo y un pequeño balde emprendió el curso en la universidad, iniciando los primeros pasos en el aula de adiestramiento del «roncote». Así que, adentrándose solo en el mar, comenzó a pescar.
Superada la prueba, entró a formar parte de la cofradía y deviene en un señor de..., pues sólo aquellos que planean su futuro dentro de la más perfilada estrategia logran triunfar en el proceloso mundo de las actividades comerciales.
Otros cursos y seminarios. El tiempo lo fue curtiendo. La trayectoria, superados ciertos años, fue —y es— como presenciar un paisaje, un cuadro que debe admirarse con cierta perspectiva y no como una miniatura a examinar con lupa. Sin lugar a duda, esa vista ha ofrecido un bello marco del cuadro del 'pescador'.
De su matrimonio con Pino Santana Santana (1948) nacen cinco hijos: Juan Miguel (1970), Alejandro (1971), Antonio (1973), Faina (1976) y Dácil (1978).
Dícese que las personas expresan su personalidad y su carácter a través de un estilo y un comportamiento propio. Esto mismo le ocurre a las empresas familiares y a los personajes que las representan.
Sus comienzos no fueron fáciles en el mundo del pescado. Este negocio, como tantos otros de cualquier lugar de nuestra geografía, nació durante época difícil de la postguerra española.
En un pequeño local del barrio isletero comenzó sus andanzas y posteriormente en lonjas, en los distintos mercados de abastos, Puerto, Vegueta y Central, de nuestra ciudad. Aquella actividad dio pie a que, granito a granito, se fuese cimentando lo que más tarde conformaría una plataforma para la creación de una sociedad mercantil en la que se aglutinaran todos los esfuerzos.
Así fue transcurriendo la década de los años sesenta del siglo pasado. Al ver que el negocio iba in crescendo, y con el fin de seguir expandiéndose en la industria del pescado, en 1972 constituye una sociedad de responsabilidad limitada, denominada Aframar. Su objetivo es la compraventa de pescado en salpreso, fresco y congelado.
La empresa iba tomando un cariz de importancia, viéndose obligada a tomar en arriendo un local para atender todo lo relacionado con el trasiego y desenvolvimiento diario, atención a clientes, proveedores y su propio tráfico mercantil. Durante un tiempo, se «cocinó» el devenir de la sociedad. Se entablaron los primeros contactos con los delegados de las compañías armadoras. Estas empresas descargaban en nuestro puerto cajas de cartón con sus capturas de pescado, cefalópodos y cualquier fruto del mar.
Poco después adquirió en propiedad dos oficinas contiguas (más de 350 metros cuadrados) ubicadas en el Edificio Cataluña, en la calle Luis Morote número 6, 4ª planta de nuestra ciudad. Desde ella se continuó «cocinando». Gracias a esos contactos, a la suerte o a la abnegada buena labor del «personaje cincelado», a renglón seguido y del mismo modo, se concertó un pacto que sirvió para suministrar a empresas peninsulares e italiana aquellas especies de pescados y cefalópodos destinados al consumo de sus respectivos mercados, y el resto de las especies a la comercialización local.
El equipo humano de la empresa, desde el principio, fue testigo de la constante dedicación del «personaje», así como su entereza al afrontar situaciones profesionales y personales nada fáciles. Hay que recordar que sufrió un infarto de miocardio, del que felizmente se recuperó, antes de continuar con la labor al frente del negocio, dirigiendo al personal, por cierto, muchos de ellos iniciaron la faena en este gremio cuando eran «jóvenes» y hoy, algunos, son abuelos.
Estando así las cosas y con el fin de convertirse en el referente en ventas de productos del mar de la más alta calidad, superando las expectativas de los clientes más exigentes —valores que se va cimentando—, surge la idea y florecimiento que se inicia a mitad de los 80; decide un cambio en el modus operandi de la comercialización de los productos del mar a escala peninsular. Para ello, tomando el banderín de enganche, pone su pica en tierras gaditanas estableciendo una delegación. Posteriormente abrieron en Valencia y Vigo. Al ver que el negocio era más próspero a la ribera del Guadalquivir, poco tiempo después se traslada a la provincia de Sevilla, donde continuó desarrollando la actividad comercial y operativa de los productos de la pesca y centro logístico.
Una vez concluida la etapa de los estudios universitarios se fueron incorporando escalonadamente a la empresa. Alex —director comercial—, allá a mediados de la década de los noventa, fue el primero de ellos. Le siguió Juan Miguel —director-gerente—, después, Toni y, por último, las dos hijas menores, Faina y Dácil.
Un hecho significativo y relevante atribuido a sus méritos. Este ocurre a finales de la década de los 90. Con anterioridad, la sociedad había comprado una parcela de terrero (4500 metros cuadrados) situado en la calle Cochabamba número 15 de nuestra ciudad. Ejecuta el proyecto cuyas obras finalizaron en 1999, fecha en la que Aframar se trasladó con todos los bártulos a la nueva «casa». Sin duda alguna la culminación de esta edificación singular en la que había puesto toda su ambición, sueños y anhelos. Sus instalaciones albergan distintas actividades comerciales, siendo la industria frigorífica la reina de todos negocios. El edificio está asentado en el polígono industrial El Sebadal y tiene dos fachadas: una orientada a la calle Cochabamba 15, donde se encuentra la industria frigorífica y sus oficinas centrales, y la otra orientada a la calle Dr. Juan Domínguez Pérez 13, por donde tienen su acceso el resto del edificio. La superficie total construida se eleva a más 11.000 metros cuadrados.
Otro de los logros en su haber. A principios de este siglo (2007/8), a la vista de las buenas vibraciones en el mercado peninsular, Antonio Martín Morán, a través de la sociedad, había adquirido una parcela en terrenos en el Polígono Industrial Parsi, ubicado en la ciudad de Sevilla, con una superficie de 3.129 metros cuadrados. Encargando el proyecto de una nueva industria frigorífica de almacenamiento, manipulación, elaboración, transformación, comercialización y distribución de pescados y mariscos congelados y cualquier fruto del mar. El establecimiento o actividad de este nuevo centro productivo es destinado a posesionar Aframar, S. L. en el mercado de la península ibérica como una de las industrias pesqueras dentro del sector del procesado de pescado congelado. La sociedad, que ya goza de un liderazgo en esta actividad, no sólo en el mercado de las Islas Canarias sino en otros puntos geográficos fuera de nuestras fronteras, quiere, a través de esta iniciativa, consolidar esta posición de liderazgo, así como incrementar su presencia y fortaleza en el mercado peninsular.
Una más. Aunque la contemporánea coyuntura económica y financiera no era la más apropiada para la inversión (2008/9), era un deber de Aframar mirar hacia el futuro y estar preparado para los próximos años, con la certeza que los ciclos económicos forman parte de la economía y que las empresas deben estar preparadas para los cambios. Por ello, acomete la compra de seis parcelas de aproximadamente 3.450 metros cuadrados situada en el Polígono Industrial Espinales, término municipal de Agüimes, Gran Canaria. El proyecto es instalar un local de exposición y logístico de cerámica y complementos de baño y una nave de apoyo a la comercialización de pescado. Años después se acometió unas reformas en esta última, que incluye una nueva planta de almacenamiento, elaboración, transformación de pescados, mariscos y cefalópodos, que entra al servicio de la restauración y abastecimiento de hoteles en el suroeste y sur de la isla de Gran Canaria.
Hace unos años se le presentó una oportunidad de adquirir tres naves contiguas a la primera industria, es decir, en calle Cochabamba 9, 11 y 13, en El Sebadal.
Trabajar con la familia ha sido para este empresario algo grande y único. El sueño de los fundadores es que su compañía perdure como sustento familiar.
Antonio Martín Morán, un empresario, brillante y audaz. Que Dios lo tenga en su gloria. Nuestra condolencia a su esposa e hijos. Descanse en paz.
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