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En la madrugada de este domingo 31 de marzo los relojes han cambiado la hora para ajustarse al horario de verano. Así, a la 1.00 horas fueron las 2.00 y, por el camino, habremos perdido una hora.
La reducción de la jornada del domingo en una hora provoca el reajuste de nuestra cotidianidad al nuevo horario, «Nuestro cuerpo, de una manera suave, lo entiende como un pequeño 'jet lag'», explica la neurofisióloga Inmaculada Rodríguez Ulecia, de la Unidad del Sueño del hospital de Gran Canaria Doctor Negrín, que precisa que este desfase de una hora produce una alteración en los ritmos circadianos que regulan el sueño y la vigilia y que marcan nuestra actividad hormonal, en función de la exposición a la luz.
La producción de las hormonas está muy condicionada por el ritmo circadiano, asegura la doctora.
En concreto, Rodríguez cita la melatotina, que favorece el sueño, y el cortisol, que se relaciona con la ansiedad. Sin luz, aumenta la producción de melatonina y nos da sueño. Con luz, sube el nivel de cortisol y nos activamos.
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«En el horario de verano hay más horas de sol durante la tarde. Eso nos permitirá estar más tiempo expuestos a la luz, lo que disminuye la secreción de melatonina y, por tanto, disminuye el sueño», dice la doctora que aclara que la oscuridad favorece la secreción de melatonina.
Las personas más sensibles a este desajuste del ritmo circadiano por el cambio de hora son quienes sufren epilepsia y migrañas; la población infantil con autismo y los ancianos, señala la neurofisióloga.
En todo caso, los efectos durante poco tiempo y, tras una semana, el cuerpo se adapta al nuevo horario.
«La primera semana suelen aparecer efectos secundarios como estar más irritables, sufrir problemas de concentración, sentirse algo más cansado o con astenia y tener problemas conciliar y mantener el sueño», comenta la especialista de la Unidad del Sueño del Negrín. Estos efectos secundarios del cambio horario son más evidentes en los pacientes con trastornos del sueño.
Rodríguez, al igual que la Sociedad Española del Sueño, aboga por eliminar el cambio de hora estacional. «El horario correcto es el de invierno. Es el que mejor se ajusta a nuestra fisiología, aunque si le preguntas a cualquier persona nos dirá que el horario de verano es el que prefiere, porque prolonga el día con más horas de sol», comenta la experta que entiende que la medida no se justifica por el ahorro de energía y que, de hecho, hay muchos países donde ya no se aplica.
Para mitigar las molestias que pueda provocar el cambio de hora, Rodríguez recomienda anticiparse al cambio horario y adaptar desde ya la hora del despertar, de la comida y de otras actividades cotidianas al nuevo horario. También aconseja no hacer actividades intensas durante este fin de semana para no empezar la semana cansados.
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