La tarde de este jueves, el Museo Elder se convirtió en el epicentro de una fascinante lección sobre cultura, identidad y sostenibilidad de la mano de William Kikanae Ole Pere, líder de la tribu masái, guía oficial de National Geographic y director de la Asociación de Desarrollo, Comercio Alternativo y Microcrédito (Adcam Ong) en Kenia junto a Rosa Escandell, presidenta y fundadora de Adcam.
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Ambos trataron de acercar a los asistentes la particular visión del mundo de su comunidad y el impacto de su proyecto Sawa Mara - The masái EcoLodge, que propone una inmersión completa en su forma de vida en la sabana.
No se trata de proyecto turístico al uso. No es una experiencia superficial ni ofrece una visión distante del estilo de vida de la sabana. «Nosotros no somos como los grandes touroperadores. Nosotros recibimos a los turistas, y le decimos: sientase libre y disfruten (...) el dinero de tu vacaciones es para el progreso de nuestra comunidad. El turismo nos ayuda mucho», explicó William Kikanae su visión del proyecto.
La idea es compartir la vida masái tal y como ellos la entienden. Sin grandes excentricidades, ni lujos que desvirtualicen como es su sociedad, o la experiencia de un safari. Con este proyecto no existen las aglomeraciones de coches, o las prisas de ir de parque nacional en parque nacional sin vivir como es la naturaleza tal y como es. «Ofrecemos lo que nosotros llamamos un safari 'slow'. Es decir, que la naturaleza nos sorprenda», insistió el líder de los masáis.
Pero ¿qué són los masáis? En un encuentro que quedará grabado en la memoria de los presentes, William Kikanae habló sobre la riqueza cultural de su comunidad, una de las más emblemáticas de África. Los masái, cuyo nombre significa «gente que habla maa» -referiéndose a la lengua local-, son un pueblo nómada que habita en diversas regiones de Kenia y Tanzania. Su vida gira en torno a su ganado, que no solo es su fuente principal de alimento —aportándoles leche, cuero y sangre—, sino que también define su identidad y estructura social.
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A pesar de los desafíos de la globalización, los Masái continúan siendo un símbolo de tradición y respeto por la naturaleza. Sus asentamientos, conocidos como manyattas, están construidos sobre barro y paja, y su vestimenta, con tonos rojos y azules, los hacen únicos.
Mantienen rituales ancestrales, como la ceremonia de iniciación que marca el paso de la juventud a la edad adulta, convirtiéndose en guerreros. Un significado que se aleja de la imagen del cazador tradicional. Para la comunidad de William, ser un guerrero no se basa en la caza, sino en el conocimiento y el respeto por su entorno.
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Los masáis han evolucionado con el tiempo. Pero es cierto, que siguen siendo una comunidad que conserva una cierta inocencia frente a la forma en que se hacen las cosas en Occidente. Un ejemplo claro lo contó Rosa Escandell, recordaba la primera vez que William Kikanae visitó una farmacia en España. Para él, fue sorprendente descubrir lo sencillo que era simplemente pedir un medicamento y recibirlo al instante.
En un momento en la que la inmigración es un tema que está en boca de todos, la comunidad masái mantiene un fuerte vínculo con su tierra y su identidad. William Kikanae explica que, cuando salen, siempre sienten una profunda añoranza por su cultura y su forma de vida. «Somos muy felices en nuestra tierra, amamos nuestra tierra». Al final, lo que William quiere transmitir, es que espera a todos los turistas con «full of love», comentó a un público que sigue cautivado con su historia.
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«Es un milagro que yo esté hoy aquí», con estas palabras, William Kikanae se sinceraba ante un público completamente absorto por la fuerza de su historia y la energía que transmitía. Recordó cómo, cada día, tenía que recorrer 25 kilómetros de ida y vuelta para asistir a la escuela, enfrentándose a una sabana implacable.
Unos estudios que pudo ejercer gracias al sacrificio de su madre, quien vendió una de sus cabras para costear su educación. Aquel gesto de amor y entrega no solo marcó su destino, sino que también cambió por completo su visión sobre el papel de la mujer en la sociedad masái. Le hizo comprender que ellas debían ocupar un lugar fundamental en la comunidad y que era necesario brindarles más oportunidades para el desarrollo de los masáis. A pesar de las dificultades que su propio pueblo le brindó, luchó hasta conseguirlo.
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