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Investigadores del Instituto de Oceanografía y Cambio Global (ULPGC) continúan vigilando la evolución del remolino marino Bentayga desde su nacimiento, el pasado mes de junio, para analizar los procesos físicos y biológicos asociados a sus diferentes estadios de formación y determinar qué papel cumple en el secuestro de carbono en el contexto del cambio climático.
De momento, el vórtice marino se está alejando de la costa lentamente y se ha ido agrandado hasta llegar a ocupar una superficie de unos 30.000 kilómetros cuadrados, equivalente a la superficie de todas las islas canarias juntas incluyendo la parte subaérea y la plataforma sumergida, según los cálculos del científico marino Javier Arístegui, aunque en la actualidad ha reducido algo su tamaño.
Actualmente, indica Arístegui, el cuerpo de agua se encuentra al sur del archipiélago desplazándose hacia el oeste a una velocidad de unas 3 millas por día (4,8 kilómetros/día). «A medida que los remolinos se hacen más viejos aumentan de tamaño absorbiendo agua de otros remolinos», explica el coordinador general del proyecto e-Impact en el que participan, además de investigadores de la ULPGC, equipos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la colaboración de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN) y grupos internacionales de Francia, Austria, Alemania y Estados Unidos.
El remolino previsiblemente irá variando su configuración original hasta disolverse en su camino hacia el interior del océano. «Poco a poco va mezclándose con las aguas de alrededor y va perdiendo su estructura original. Este proceso tarda muchos meses. Puede estar un año derivando. Todavía le queda mucha vida al remolino», subraya Arístegui basándose en la observación previa de fenómenos similares.
En general, dice, estos cuerpos de agua «derivan hasta el sur, interaccionan con las aguas de la costa de África y luego se desplazan hacia el oeste a través de un corredor de remolinos que alcanza hasta la mitad del Atlántico», detalla el catedrático de Ecología e investigador del Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global de la ULPGC (IOCAG).
«En principio, los remolinos se forman cerca de las islas. En sus inicios son más rápidos y, en su movimiento de traslación, se vuelven más lentos», indica el coordinador del proyecto internacional que realizó su segunda campaña oceanográfica a bordo del 'Sarmiento de Gamboa' entre noviembre y diciembre.
Ahora, la vigilancia de la dinámica de Bentayga se realiza a través de imágenes de satélite y modelos de Copernicus, además de con el seguimiento de boyas sembradas en su interior. «Gracias a la información que suministran estas boyas y los datos de altimetría, que miden la altura del mar, podemos identificar muy bien la evolución de los remolinos», indica Arístegui.
El objetivo del proyecto es entender la variabilidad en los procesos físicos y biogeoquímicos que atraviesan los remolinos desde su génesis a su extinción, con el fin de poder aplicar estos resultados a modelos de circulación de remolinos a escala global.
«Hemos hecho muchos estudios de los remolinos en los últimos 30 años, pero no sabemos bien cómo evolucionan en el tiempo desde su génesis hasta estados de madurez», explica Arístegui, que identifica distintos procesos físicos donde se mezclan fases de hundimiento del agua hacia zonas más profundas del océano y de surgencia del agua a la superficie.
«En este caso, Bentayga es un remolino de núcleo cálido que acumula materia orgánica en el centro que puede hundirse, pudiendo constituir un proceso fundamental de la denominada 'bomba biológica'; es decir, el transporte de carbono desde la superficie hacia el fondo del océano bien por sedimentación de materia orgánica producida en la superficie o por procesos físicos de mezcla de agua.
Uno de los objetivos del proyecto es determinar si los distintos remolinos, en sus distintos estadios de evolución, funcionan como fuentes o sumideros de CO2 en la superficie del mar.
Según Arístegui, los remolinos anticiclónicos, de núcleo cálido, como el Bentayga, en general, funcionan como sumideros de C02, mientras que los remolinos ciclónicos de núcleo frío actúan como fuente o sumideros dependiendo de la intensidad de los procesos físicos.
Por un lado, el ascenso de aguas profundas en el centro de estos remolinos trae a la superficie agua con mayor contenido en CO2, pero, por otro lado, estas aguas son también ricas en sales nutrientes aumentando la producción marina y por lo tanto el secuestro de carbono.
El balance entre el CO2 que secuestran los organismos y el procedente de las aguas profundas dictará el papel de los remolinos en la bomba de carbono.
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