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Los bares de las calles Teobaldo Power y Pérez Galdós del centro de Santa Cruz de Tenerife recibían la visita de parlamentarios de todos los colores políticos. Cogían fuerzas para la primera jornada del debate del estado de la nacionalidad. Entre pulguitas y barraquitos aprovechaban para conversar y realizar sus previsiones sobre el día que les esperaba. A escasos pasos esperaba la sede del Parlamento de Canarias, donde todo estaba a punto para que diera comienzo la sesión. Un trasiego de políticos y periodistas llenaba las escaleras y pasillos de la Cámara. En los despachos de la Agrupación Socialista Gomera y de la Agrupación Herreña Independiente algunos terminaban de repasar y ensayar sus intervenciones para este miércoles.
Ya en el palco reservado para medios de comunicación e invitados, Laura Afonso, Aina Rodríguez, Brenda González y Zuleima García tomaban asiento para escuchar la intervención del presidente de Canarias, Fernando Clavijo. Las cuatro son estudiantes del último curso de Derecho en la Universidad de La Laguna, y están realizando las prácticas de la carrera en el Parlamento. «Solemos acudir a las comisiones acompañadas por un letrado, también nos ponen casos prácticos, pero lo de hoy es muy diferente», comenta Afonso. «Sabemos que este debate es importante para todo el mundo, y solo espero que lo que escuchemos aquí se cumpla», desea González.
Similar al sonido que emite la sirena de un colegio, la campana marcaba a las 11.33 horas que tenía que dar comienzo la sesión. La presidenta del Parlamento, Astrid Pérez, ya ubicada en su sitio, ponía orden en una sala llena de bullicio, sonrisas y saludos. Dando la bienvenida a todos y con la presentación pertinente, daba comienzo la intervención de un presidente al que la fuerza lo acompañaba gracias a uno de los secretos mejor guardados en esta jornada: sus llamativos calcetines rojos. En ellos llevaba dibujado a uno de los personajes de la saga de la que es fiel seguidor: 'Star Wars'.
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Mientras el presidente apelaba a las señorías en el transcurso de su discurso, muchas aprovechaban para responder mensajes en sus teléfonos móviles y también colgaban algunas de las llamadas entrantes. Por lo que sea, no era el momento para responder. La tónica se repetía incluso entre los miembros de la mesa. Sin embargo, los parlamentarios a los que enfocaba la cámara de vez en cuando mostraban su mejor imagen y asentían concentrados en la narración. Fueron instantes en los que Clavijo, cada vez que cambiaba de temática, aprovechaba para dar un sorbo de agua y coger aliento. Los socios de Gobierno mostraron su apoyo, aplaudieron acompasados y dieron golpes en las mesas cuando el presidente anunciaba medidas de cara a los próximos años.
Como si fuera a bordo del halcón milenario, la nave más rápida del universo creado por George Lucas, el presidente recitó más de 30 páginas de discurso en apenas hora y cuarto. Tras finalizar, Clavijo bajó del atril para fundirse en un cálido abrazo con el vicepresidente del Ejecutivo, Manuel Domínguez. Y con el tiempo más que suficiente para almorzar, se daba por pausada la sesión.
Quedaban 10 minutos para el turno de respuestas por parte de la oposición y sus señorías comenzaban a ocupar las butacas. Era el momento del portavoz del grupo socialista, Sebastián Franquis, al que costaba escuchar desde el lejano palco. Comenzó su respuesta con el tema que Clavijo había eludido en su intervención inicial: la corrupción. Para ello elevó la voz y señaló con el dedo índice en repetidas ocasiones al presidente del Gobierno. Mientras tanto, Clavijo se mecía en su butaca como si estuviera en una silla mecedora, apuntaba en su libreta los aspectos que más le llamaban la atención - incluso los resaltaba con marcas - para preparar su respuesta y, de vez en cuando, buscaba la mirada de Domínguez, con el que compartió sonrisas cómplices.
Algunos diputados no habían tenido suficiente durante las casi tres horas de descanso hasta que se reanudó la sesión. Uno de ellos aprovechó la intervención de Franquis para despertarse y echarse un café en su sitio (también le trajo otro a unas de sus compañeras de equipo). Otro recurrió a una pastilla de menta para quitarse «el mal sabor de boca». Ofreció a la diputada que estaba a su lado uno de esos caramelos, pero lo rechazó.
Y mientras Clavijo y Franquis se enseñaban titulares de la prensa y subían un poco el tono del debate -a la par que daban algo de emoción-, el murmullo de una manifestación se escuchaba desde la sala. Un centenar de fisioterapeutas se concentraba a las puertas del Parlamento para solicitar que se incluya en la 'receta deportiva' a la fisioterapia.
La tarde se estaba haciendo larga. A Ana Oramas le dio calor y trató de regular su temperatura con un abanico. El ánimo entre el patio de butacas iba decayendo. De hecho, muchos decidieron retirarse dejando sus sitios libres durante la intervención de un entregado Luis Campos.
Con el turno de Vox y parte de los asientos libres, terminó la primera jornada de un debate que marcará el camino de Canarias en los próximos tres años, quizás, a bordo del halcón milenario.
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