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Podemos

Del director ·

Casi tres años después de las últimas elecciones, es un juguete roto

Lunes, 11 de abril 2022, 07:10

Si a nivel nacional la crisis que vive Unidas Podemos va camino de una implosión en toda regla, en las islas las cosas no pintan mejor. La marcha de Meri Pita, que seguramente precipitó los acontecimientos porque intuía que la iban a defenestrar, refleja claramente cómo el proyecto político que fue Podemos se ha convertido de nuevo en la suma de proyectos muy diferentes, pero donde uno más uno no da como resultado dos, sino cero. O incluso por debajo de cero.

Si ya es grave para un partido que una diputada rompa con su formación, mantenga el escaño y dispare dialécticamente contra sus antiguos compañeros hablando de una persecución en toda regla, fue casi peor que compareciera en rueda de prensa escoltada por algunos de los referentes en el poder más relevantes de Podemos. Verla en esa puesta en escena con los abanderados de Podemos en el Ayuntamiento de la capital grancanaria y en el Cabildo Insular es la prueba del algodón de que hay una ruptura en toda regla, donde lo orgánico camina por un lado y lo ejecutivo por otro. Y todo ello a un año y poco más de presentarse ante los ciudadanos para rendir cuentas del trabajo hecho y fijar promesas para el siguiente curso.

Podemos tuvo en su día el acierto de canalizar un malestar que era transversal y de sumar a quienes llevaban años intentando cambiar las cosas. Aquel puñado de profesores universitarios y entonces buenos amigos que conformaron la primera dirección de Podemos a escala nacional triunfaron en las urnas seguramente más rápido de lo que pensaban. De hecho, su primer gran error fue creérselo, y eso les llevó a forzar unas elecciones porque creían que podían superar al Partido Socialista. Fue ahí cuando todo empezó a torcerse. De manera que el edificio como partido, levantado deprisa y corriendo, carecía de cimientos sólidos, tenía paredes de cartón y, sobre todo, albergaba a inquilinos que eran profesionales en mirar lo que hace el de al lado y ponerse a conspirar en los pasillos.

Casi tres años después de las últimas elecciones, Podemos parece un juguete político completamente roto. Y en Canarias hecho añicos. Podríamos decir aquello de que entre todos lo mataron y él solo se murió, pero lo cierto es que hay nombres y apellidos que sobresalen en la lista de responsabilidades. Quizás empezando por el propio Pablo Iglesias, que tanto hizo y que tanto deshizo. El viernes pasando, escuchando en La 2 cómo sigue impartiendo doctrina, daba un poco de rubor. La memoria -de los demás- todavía funciona.

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