En el corazón de la Vegueta baja, en la Plaza de San Agustín, a donde asoma la popularmente conocida como «iglesia de Santa Rita», en ... realidad el templo de la Parroquia Matriz de San Agustín, reside desde hace tres siglos, 1729 según el experto y erudito Miguel Rodríguez Díaz de Quintana, una imagen de candelero, o de vestir, con la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, llamada la «Genovesa», por ser adquirida en los talleres de la industriosa y mercantil ciudad italiana de Génova, habiendo sido su mecenas el sargento mayor Julián García del Castillo.
Si en un principio fue venerada como Inmaculada, a partir de 1781 comienza a procesionar como «Virgen del Retiro», hasta que se incorpora, a partir de finales de la siguiente centuria, a la procesión del Calvario, con el Cristo de la Vera Cruz y San Juan Evangelista, encargadas éstas por el convento agustino al genial imaginero Luján, hasta el año 1956, en el que, por decisión del Obispo Pildain Zapiain, se fusionó, junto con los dos tronos citados, con el Santo Entierro, de la Parroquia de San Francisco de Asís.
Desde 1978, todos los tronos de ambos templos, intercalados con los de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, conforman la Procesión Magna, que discurre la tarde del Viernes Santo por las calles de Vegueta y Triana.
En su capilla
Ubicada inicialmente la imagen en la iglesia del convento de los padres agustinos, de la que sólo se conserva su torre-campanario de cantería, la más antigua de la ciudad, erigida en el año 1664 en el mismo solar que ocupó, desde principios del siglo XVI, la primitiva ermita de la Vera Cruz, con la construcción, en los último decenios del siglo XVIII, del actual templo, bajo proyecto del canónigo lagunero de origen irlandés Diego Nicolás Eduardo, según cánones neoclásicos de orden toscano, la imagen pasó a presidir la capilla del evangelio, en un austero retablo neoclásico, acorde con la severa atmósfera de este templo aledaño al océano.
En los lados del retablo se encuentran un gran lienzo al óleo del Cristo de La Laguna, obra de Enrique Sánchez, del año 1957, y una talla, de tamaño natural, de San Juan Evangelista, según muchos la mejor representación lujanesca del discípulo predilecto. Muy loable considero la idea de los últimos párrocos de esta parroquia matriz, don Diego y don Hipólito, de ampliar el actual retablo, de madera, respetando sus líneas, y, en cantería, recrear, de manera permanente, el Calvario, con, naturalmente, el Cristo de la Vera Cruz presidiéndolo, la Genovesa a su derecha y San Juan Evangelista a su izquierda.
Imagen de candelero, sólo tallados cabeza y manos, en su «doliente amarillez», como acertadamente se la describió en el Programa de Semana Santa 1978, transmite un semblante de pena ensimismada, carente de teatralidad barroca. Otro rasgo que define y da personalidad a la Genovesa es la posición, tradicional en la imaginería italiana, de las manos entrelazadas, en actitud de contenido sufrimiento, portando los tres clavos de la cruz.
Vestida hasta hace no mucho con manto azul marino y saya roja, actualmente va cubierta de ropaje negro, que resalta su pálida encarnadura. Completan la austera indumentaria su tradicional y plateada corona de plato, recuperada el año 2011, tras una equívoca cesión a la imagen de San Juan.
Un aciago jueves del verano de 1995, sobre las cinco de la tarde del veintisiete de julio, un pequeño incendio provocado por una vela de un feligrés causó importantes daños a la imagen. Restaurada, tras ímprobos y delicados esfuerzos, por el imaginero local Francisco Artigas Verdú, algo más de un año después, el quince de septiembre de 1996, día de los Dolores, fue colocada de nuevo en la hornacina de su retablo, reflejando una bella imagen mariana no idéntica a la original.
En procesión
Las antiguas y modestas andas procesionales que portaban a esta imagen fueron sustituidas, junto a las otras dos del Calvario, en 1947, por el actual trono de elaborada talla en oscura madera noble, con ampulosas volutas en las cuatro esquinas y un bello frontispicio, una peana resuelta en tres peldaños completa la arquitectura de este trono, diseñado por el pintor Carlos Morón Cabrera y realizado por el tallista José Navarro López; los faldones, de color negro y orlado dorado, son obra de Antonio Martell, Cipriano Angulo y doña Herminia. El coste total supuso 13.857,40 pesetas, sufragado por Agustín Manrique de Lara y Massieu y su sobrino, Luis Manrique de Lara y del Castillo Olivares. Pino Riesgo Manrique de Lara, sucediendo a su madre, María Jesús Manrique de Lara, ostenta, desde hace años, el patronazgo. Un sol o ráfaga de plata, donada por la Catedral en 1826, rehecha por el platero Miguel Macías, y recientemente restaurada en Tenerife, enmarca a la Dolorosa, con grandes destellos en armonía con los pequeños que conforman la corona.
La Virgen luce delantal de hilo dorado sobre paño negro, arrebujada en un luctuoso e imponente manto negro. Cuatro exquisitos jarrones de plata, expuestos el resto del año, junto al sol, en una vitrina de madera y cristal, en la capilla del Cristo, y dos delicados candelabros, se sitúan estratégicamente en medio de un exuberante exorno floral que profusa y generosamente decora Aurelio Rosas, cariñosamente conocido como Pipe. Anterior a él, Jesús Arencibia conseguía, a mediados del siglo XX, una portentosa estampa de elegancia y empaque. Un sobrio estandarte negro, con escudo en verde y oro, precede el discurrir del trono por las calles de Vegueta y Triana.
Llamada la «Genovesa», por ser adquirida en (... ) la ciudad italiana de Génova
En el año 2009 el, a la sazón, director de la Banda Sinfónica Municipal de Música, Antonio Hanna Rivero, compuso una bella marcha procesional dedicada a esta dolorosa de la baja Vegueta, que tituló 'Genovesa de San Agustín' y que estrenó durante el concierto y pregón de la Cofradía de Salud y Esperanza, en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en la alta Vegueta.
En los años 1993 y 2010 fue protagonista de los respectivos carteles de la Semana Santa de Las Palmas.
El Cronista Oficial de la Ciudad y de la Isla, Juan José Laforet, que, acertadamente, la definió como «isleñísima dolorosa», le dedicó estas estrofas: «Virgen de los Dolores no me llores, que tu llanto es mi condena en esta tarde del Viernes Santo, ¡ay, no me llores mi Genovesa del alma!».
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