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A sabiendas de que en Tenerife habrá quien considere, una vez leído esto, que lo suyo es colgarme del palo mayor, reconozco que me cuesta ... entender la polémica en torno a la momia exhibida en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), ese recinto desgraciadamente poco conocido y de visita más que recomendable que se encuentra en la calle Serrano de Madrid, a tiro de piedra de la Puerta de Alcalá y en la trasera de la Biblioteca Nacional.
Estamos hablando de una momia guanche en un estado de conservación excelente, que en el siglo XVIII fue encontrada en un enterramiento masivo en Tenerife y enviada a la península. En tierra continental, la momia fue llevada de aquí para allá y acabó siendo exhibida en la Exposición Internacional de París, para después recalar en el Museo Antropológico y de ahí, hace casi una década, ser trasladada al MAN.
Ahora, el Ministerio de Cultura ha decidido, amparándose en el respeto a los restos humanos, poner fin a la exposición de la misma y guardarla en los almacenes del museo. Ante ello, el Cabildo de Tenerife, que lleva años reclamando el retorno de la misma, con Coalición Canaria abanderando esa petición, ha puesto el grito en el cielo. Pero, ojo, no es que la institución insular quiera retirar definitivamente la momia de la exposición pública, sino que quiere exhibirla en uno de sus museos.
Se entremezclan, por tanto, dos debates: el de la 'propiedad' de la momia y el de si hay que exhibir o no unos restos humanos. Argumentos para defender el sí a la exposición pública y para oponerse los hay de sobra. Quizás, por ello, nada mejor que escuchar a los expertos. Y la respuesta está en el propia MAN, con un documentado trabajo de tres expertos que puede leerse en la propia web del Museo Arqueológico y que explica por qué el valor de esta momia: su perfecto estado de conservación permite conocer al detalle las técnicas de momificación y conservación de cadáveres de los guanches, que eran diferentes a las empleadas en Egipto. Y añaden los entendidos que la exposición pública ha de hacerse con el argumentario que explique precisamente esos valores. Si no se ha hecho, culpa es del MAN; y si el Ministerio de Cultura no lo ha tenido en cuenta, entonces estamos ante una ignorancia institucional que no tiene disculpa.
Lo que digo es que cuidado con pasarnos de frenada y que mañana llegue alguien pidiendo cerrar medio Museo Canario porque los muertos allí exhibidos también precisan respeto. Y ¿qué hacemos con los relicarios, la Siervita de La Laguna o el cadáver del obispo Codina?
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