Secciones
Servicios
Destacamos
Coincidiendo con los cinco años del inicio del confinamiento por la pandemia de covid-19, a Radiotelevisión Española no se le ocurrió cosa mejor que ... emitir el documental '7.291', centrado en una investigación en torno a las personas fallecidas en residencias de la tercera edad en Madrid en el momento más crudo de aquella etapa.
De entrada, está bien eso de que un ente público sea plataforma de exhibición de trabajos audiovisuales de terceros, como también habría estado bien que en la propia RTVE se preguntasen por qué, teniendo tantos y tan buenos profesionales, no fueron capaces de crear un documental sobre eso mismo u otras cuestiones relacionadas a la pandemia. Pero, bueno, así le va a ese gigante que pagamos entre todos y cuya existencia no cuestiono. Ni mucho menos.
Desde el punto de vista del espectador, '7.291' vale más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. Y es lógico, porque estamos ante una creación casi artesanal, cuyo mayor mérito reside probablemente en el empeño de acabarla y en el tiempo invertido, así con el tesón frente a las trabas y la opacidad administrativa.
La polémica en cuanto a su contenido y su emisión por RTVE es conocida: las familias de muchos de aquellos fallecidos siguen batallando para judicializar el trato dispensado por la Comunidad de Madrid, mientras que Isabel Díaz Ayuso y su equipo sostienen que todo es una campaña orquestada desde la izquierda, jaleada ahora por el ente audiovisual estatal y donde la justicia no ha depurado responsabilidades porque no las hubo. Es cierto que hay causas todavía abiertas, de manera que no habrá que adelantarse en las conclusiones.
Dicho todo lo anterior, lo que sí subyace en '7.291' es algo que se ha generalizado -por desgracia- en los sistemas sanitarios, sociosanitarios y casi en general en el sector público: un déficit de información al paciente y a sus familias, lo que conecta con una escasa empatía. Seguramente muchos de los disgustos que cuentan las familias en '7.291' se habrían evitado simplemente con una llamada de teléfono para explicar qué pasaba y, sobre todo, con que alguien diese la cara. Pero eso, que en pandemia era ciertamente difícil por la locura en que vivíamos y lo desbordados que estaban los profesionales, se sigue repitiendo a día de hoy. Vayan a los hospitales de Canarias, por ejemplo, y si no a todos, a algunos, y pregunten a las familias. A las que esperan horas y horas en el exterior de Urgencias y a las que llaman y llaman y nadie les contesta.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para registrados.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para registrados
¿Ya eres registrado?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.