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Una vida dedicada a entender la vida

Una vida dedicada a entender la vida

«¿Tú? ¿En el Severo Ochoa? Olvídalo, allí sólo va lo mejor». Eso fue lo que le espetó un profesor de la Facultad de Biología de la universidad de La Laguna (ULL) a Fátima Gebauer cuando, con 22 años , dijo que quería ir a Madrid, al mejor instituto de biología molecular del país.

Lunes, 13 de febrero 2012, 00:00

Este comentario tan desilusionante no la amilanó. Quería saber más sobre algo que encontró «apasionante» desde que lo vio por primera vez durante unas prácticas, el ADN. Pensó que «si era capaz de ver y manipular el ADN, también podría ser capaz de entender la vida», recuerda. Esas clases prácticas las daba Juan Carlos de la Torre, invitado por el profesor Vicente Martínez Cabrera, que fue quien le dijo: «Sal, vete de aquí».

Le faltó tiempo para hacer las maletas y matricularse en la Universidad Autónoma de Madrid para hacer el último curso y luego dar el salto al Severo Ochoa.

Ese fue el primer paso de una larga carrera que ha llevado a esta grancanaria a dirigir su propio grupo de investigación en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona, un instituto de referencia mundial en la investigación de la vida, desde el ADN hasta los organismos más complejos. El grupo de ocho investigadores que lidera Fátima Gebauer estudia cómo la información se transmite del RNA mensajero a la proteína, o lo que es lo mismo, en «cómo la información del genoma se transmite a los ‘curritos’ que van a hacer posible el funcionamiento celular», simplifica la investigadora.

Sabiendo cómo funciona, dice, «se pude entender por qué funciona mal», pero aclara que la motivación original de la investigación «no es cómo curar enfermedades, sino saber cómo funciona la célula». A Gebauer le «encantaría» saber que «la vida de alguien puede mejorar gracias a sus conocimientos», pero eso, asegura, es «una propina» a la investigación básica que desarrolla.

Su «inquietud por ir a donde mejor podía formarme» fue lo que la llevó a emprender aquel primer viaje a Madrid a principios de los años ochenta. Está convencida que, por mucho entusiasmo que le hubiese puesto, habría sido imposible sin «una beca del Cabildo, la ayuda de mi tía Amada y el dinero que mi madre había ahorrado toda su vida para que su primera hija, después de cuatro hijos, pudiera ir a la universidad». Dos décadas después hizo el viaje de vuelta, no a Canarias, pero sí a Barcelona. La apuesta por el CRG fue «muy, muy arriesgada», pero suponía «un gran reto» que emprendía junto a su marido Juan Valcárcel, que dirige otro grupo de investigación en le CRG.

Volver a España no iba a ser para ellos lo que «tradicionalmente» ha sido para los científicos, que venían «con un puesto fijo pero sin recursos para emprender su tarea». Ella, y también su marido, estudiaron «concienzudamente» todas las ofertas que les llegaron y escogieron la del CRG «porque era competitiva, porque ofrecía un laboratorio equipado además de personal y, lo más importante, porque veíamos que había voluntad de crear un centro competitivo a nivel internacional que íbamos a poder moldear e influir en su funcionamiento». En 2002, el CRG estaba constituyéndose y ellos fueron de los primeros investigadores en incorporarse al proyecto.

«Siempre nos hemos movido juntos, unas veces él primero, otras yo», dice Gebauer, que asegura que su vuelta a España tenía como única condición: poder formar un grupo de investigación propio y seguir intentando desentrañar los misterios de la vida aquí. Y también volvió para «devolverle al país lo que hizo por nosotros, para intentar mover la investigación de ciencia y tecnología y que tantos cerebros escapados vieran España como un país con posibilidades para establecerse». El Centro de Regulación Genómica le ofreció esa posibilidad después de haber estado en Estados Unidos, donde hizo el post doctorado «con una beca de la OTAN y otra del Ministerio de Educación» y trabajar en «un proceso molecular nuevo que tenía sobre el desarrollo embrionario», y tras pasar, gracias a otras dos becas, de Fundación Marie Curie y la Fundación Canaria Doctor Manuel Morales, por el European Molecular Biology Laboratory (EMBL), de Heidelberg, en Alemania.

En el CRG se encontraron con que «no había ni una estantería; no estaba ni este edificio, estábamos de prestados en el Centro Oceanográfico», dice Gebauer que se vio en 2002 «diseñando desde cómo pedir los reactivos más básicos hasta como dirigir a estudiantes, formar programas de doctorado... todo». Pero fue «emocionante» porque era «un sitio joven, dinámico; un pequeño barco lleno de vida y entusiasmo donde intentábamos hacer ciencia con ilusión y energía de la manera más competitiva posible». Ella y su marido formaban parte de «aquel pequeño grupo inicial de investigadores que hicieron de el polo de atracción de más gente, a la que se hacían ofertas mejores y que contribuyeron a que el centro creciera hasta superar, como ahora sucede, todas sus expectativas».

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