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En las últimas décadas murieron, de forma repentina, una treintena de jóvenes aparentemente sanos en el sur de Gran Canaria, sin que nadie pudiera dar una explicación. Una investigación, que se extendió hasta el siglo XVIII, llevó a descubrir la razón: todos pertenecían al mismo linaje familiar y eran herederos de una mutación genética que les provocaba la muerte súbita. Todo comienza en el siglo XVIII. Alrededor de 1729. Un señor se casa dos veces y de cada uno de sus matrimonios nacen 11 hijos. De este grancanario, afincado en Agüimes, parte la mutación de un gen que ha causado la muerte súbita a una treintena de personas en las últimas décadas en el sur de la Isla, todas de este mismo linaje familiar. A su vez, sus descendientes también fueron muy prolíficos en descendencia hasta crear una saga familiar maldita por el gen, que se casaron con vecinos de San Bartolomé de Tirajana, se mudaron a Santa Brígida, y al cabo de los años terminan volviendo a San Bartolomé. Hoy se conoce la historia y la maldición cardíaca de este linaje, gracias al trabajo de campo que en 1997 inició Carmelo Pérez, profesor del IES Santa Lucía y hoy presidente de la Fundación Canaria Umiaya para la Atención de la Muerte Súbita, en los archivos parroquiales y quien ha podido hilar un árbol genealógico con unos 3.000 miembros. A partir de este tronco familiar, se elaboró un análisis estadístico que identificó a mil personas como posibles portadores de la mutación de la isla. El siguiente paso fue realizar un estudio clínico y genético, del que se encargaron los cardiólogos Fernando Wangüemert, en Gran Canaria, y Ramón Brugada, en Barcelona. Se hizo el genotipo de mil muestras de sangre hasta descubrir a 232 portadores del gen en distintas ramas familiares y edades, de los que 198 permanecen vivos. «Hoy todos están tratados, a salvo de lo que podía ser una muerte casi segura», dice Pérez. Desde 2007 no se ha producido ningún fallecimiento más, añade. Para Pérez, todos y cada uno de los fallecimientos «son dramáticos» porque suceden en adolescentes o jóvenes. Hay historias realmente «trágicas» como el de una familia que perdió a tres de sus cuatro hijas en menos de cinco años por este gen. Los hijos de esos dos matrimonios transmitieron una herencia maldita que está ahora muy distribuida por toda la isla, pero controlada.
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