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Habrá que disfrutarlo hasta que se lo lleve el Barcelona. No hay otra con Pedri, un futbolista de época y al que le ha dado por romper el cascarón con 16 años. Su leyenda recién ha comenzado para bendición de la UD, a la que ya le dejado millones en el banco (más los que pueden venir) y puntos. Anoche suyo fue el gol que rescató a Las Palmas y que hoy procura un amanecer luminoso. No hace falta recordar cómo entraba el equipo en la jornada, hundido en la ciénaga y lleno de sospechas. Pedri decidió soltar la derecha, romper todas las cadenas e inyectar felicidad y orgullo. Ganó la UD, noticia grande, y lo hizo gracias a un niño de 16 años que va camino de ser figura.
Fabio, Aythami, Srnic, Narváez y Drolé calzados, de golpe, en el once, en una apuesta rupturista y que dejó fuera a fijos como Curbelo, Mantovani, Cedrés o Kirian. Mel buscó la sacudida en la UD que anoche antepuso al Sporting y fue ingenioso en el movimiento de piezas. Morir matando, que dirían los puristas dada la crisis de juego y resultados de un equipo necesitado de nuevos aires. Con Pedro, además, de vuelta y como enganche, donde más y mejor influye. Un intento, en suma, de que sonara de una vez el despertador ya con septiembre muy avanzado. Porque aludir a las rotaciones con el agua al cuello, en descenso, y lo inmediato convertido en cuestión vital, como que no. A las novedades en los protagonistas se sumaba, también, el reciclaje táctico en algunos casos, con Narváez como delantero centro en el detalle con más relevancia en la pizarra, ya fuera de combate Rubén y señaladísimo Pekhart. Así dispuso el patio el técnico a quien, calculadora en mano, ya le invadía ruido de fondo. Lo que tiene no ganar en el fútbol, que vendría a ser lo mismo. La UD llegaba tras un 0-3 y no haber chutado entre los tres palos ante el Almería. El listón estaba por el subsuelo, mejorar lo anterior mas que una obligación profesional constituía un deber moral.
A nadie se le prometió un partido de toque y arte, lo de menos con la que está cayendo. Y pronto se confirmó la trama, balón dividido, pelea industrial, áreas blindadas y todo en horizontal. La única luz de la UD era Pedri, activo en la zona ancha para recogerse y armar juego o desplegar a la izquierda para la zancada de Drolé, la otra gran esperanza. El Sporting metió mucha gente por detrás de la pelota y empantanó el ritmo, Javi Fuego como ancla estratégica para barrer por delante de la defensa. Que no iba a ser fácil ya se sabía. Paciencia a toneladas y provocar el espacio, el desmarque de ruptura, la acción que agujereara el muro. Hasta el minuto veinte no hubo señal. Fue, entonces, con una buena carrera de Drolé, ya adentrado en el rectángulo de Mariño, cuando pudo llegar el primero. El africano, eléctrico y dañino, percutió como una bala aprovechando cierta laxitud en la zaga, entró en zona roja y con un toque de izquierda se la dejó para la diestra, aunque su remate se fue alto. Una inmejorable opción porque, en mitad del desierto, al fin había tenido metros Drolé para galopar. Le faltó puntería, pero activó al resto y, pasado un rato, otra vez con la defensa del Sporting en plan generoso, Narváez a punto estuvo de sacar oro de las dudas de Babin, al que ganó en velocidad, aunque, en el momento trascendente, Valiente puso musculatura para tapar. Puestos al asedio, Srnic calcó al colombiano, también en diagonal por la derecha y salvando la salida de Mariño con un toque preciso, pero ahora fue Babin quien cubrió bien a su portero abortando lo que olía a gol. Sin tregua, De la Bella sirvió una rosca que se abrió más de lo debido. El efecto óptico dejó alguna celebración en la grada. Acoso sin derribo.
Por izquierda, derecha, norte y sur. A golpe de insistencia, la UD inclinó todo a la portería visitante y, por momentos, dio la impresión de que lo mejor estaba al caer. Un equipo jugaba para ganar, el otro especulaba sin dejar rastro mencionable. En esa fase, volcada Las Palmas, Pedri se marcó un jugadón como interior zurdo, con quiebros y un caño bestial. Le rodeó una multitud y, aún así, el tinerfeño resultó indetectable. Al servir el pase atrás desde la línea de fondo, Valiente, caído, cortó con la mano. El árbitro ni dudó. Mandó seguir. Pero las imágenes le retrataron. Cierto que tenía el brazo apoyado en el suelo y pudo no haber voluntariedad, que fue la justificación del trencilla para aplacar las protestas, pero, en los tiempos del VAR, por muchísimo menos se ha concedido pena máxima. Valiente, quiera o no, cuestión también discutible, corta el juego, impide que el centro de Pedri prospere. No convenció De la Fuente Ramos, que ni siquiera fue a consultar el monitor. Ya le vale. Hubiese sido tan justo como reglamentario que se cobrara penalti. Había que ver a Mel en la banda encolerizado.
El primer acto no dejó goles, pero sí una UD muy decente, que insistió y cercó al Sporting, algo que se reconoció por parte del auditorio, tan escaso como animoso. No parecía mal plan darle continuidad a este camino, conforme el adversario en meterse atrás y verlas venir.
Nada cambió tras el intermedio. Seguían los muchachos de Mel a lo suyo, empeñados en que iba a ser su noche. En el riesgo de irse para arriba estaba la amenaza de recibir castigo en una contra, pero pesaba más la necesidad que el vértigo.
Hasta entonces, Pedri había dejado señuelo. La acción que fue penalti y no se pitó, buenas decisiones siempre, espíritu aventurero. Tenía reservado un diamante para cuando más se hizo necesaria su magia. Pasada la hora de partido, con la función poniéndose de infarto, enganchó un derechazo imperial desde fuera del área que arruinó la estirada de Mariño. Golazo de Pedri, el primero que firma y todavía con sus 16 años en el carné de identidad. Explotó el Gran Canaria cuando comprobó que sí, que había entrado. Pedri mostró en la ejecución lo que le distingue: De la Bella había prolongado el esférico sin más y Pedri aplicó el martillo sobre la marcha metiéndole empeine y alma a su disparo. Letal, precioso, merecido. Había llegado el miércoles desde Catar y el de anoche era su tercer partido en menos de una semana. Y qué.
El gol de Pedri fue oro en terciopelo. Serenó a la UD, ya despojada de prisas, y permitió amplitud y confianza, la certeza de que esta vez sí habría final feliz.
Tampoco el Sporting mostró colmillo. Vino a no perder y cuando se quiso dar cuenta, lo tenía todo en chino. Mel ordenó presionar arriba, morder en cada disputa, estar alerta. Bastantes han sido los escarmientos con viento a favor como para abandonarse a los laureles. Y ante la duda, balón a Pedri, un espectáculo en conducción, aguante y cintura. Josep, con un paradón, también salió en la foto. En la noche de Pedri.
Tal y como se preveía, Jonathan Viera volvió a quedarse con las ganas de debutar esta temporada con la UD. Al igual que ocurrió el pasado sábado ante el Almería, ayer el club trató, en vano, de que el Beijing Guoan accediera a su alineación frente al Sporting. Pero los ejecutivos asiáticos, amparados en lo suscrito en el contrato de cesión, se mantuvieron firmes y no autorizaron la disponibilidad del atacante internacional. Viera presenció el encuentro en la grada aunque su contrariedad por seguir fuera, pese a sus deseos de jugar, ya tiene fecha de caducidad: la UD podrá tirar de él frente al Girona el próximo domingo en Montilivi. Según el pacto entre las partes, ya para esa fecha habrá luz verde para ver al futbolista de amarillo.
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