Desde que empezamos hace ya algunos años en esta tarea de rescatar autores y textos canarios y editarlos, Chona Madera siempre estuvo en nuestras conversaciones ... y en nuestras intenciones, sin embargo, los proyectos (o los dineros) se desvanecían y quedaba pendientes para una próxima oportunidad. Se trataba de visibilizar a la poeta que había abierto el camino de la poesía escrita por mujeres de los años 40 cuando se dio a conocer con 'El volcado silencio' (1944), de la mano de Juan Manuel Trujillo; por aquel entonces estaban también Josefina Durán y muy poco después Pino Ojeda (1947). Vendría en los 50 una publicación significativa que se convertiría en el órgano de expresión de las mujeres en materias de periodismo, arte y literatura. 'Mujeres en la isla' (1953-64) surgía como suplemento literario del 'Diario de Las Palmas' durante la dirección de Pedro Perdomo Acedo y supuso para ellas un espacio pleno de libertad creativa.
Hoy el mérito del rescate y de la visibilidad de nuestra poeta se debe a la Academia Canaria de la Lengua que, como viene siendo habitual en su colección Manuel Padorno, –y este ya es el número 10– edita, recupera y actualiza con sus antologías las voces de nuestra tradición. El mérito en este caso es doble, pues se ha apostado por una joven filóloga, Yara García Cordero, para la realización del estudio introductorio y de la antología.
Que los jóvenes de hoy, los 'millennials', tienen otra sensibilidad y otra forma de entender el mundo es evidente, mucho más vinculados a la emoción, a los estados de ánimo, acaso más idealistas y soñadores que las generaciones precedentes… o no. La conexión emocional de la investigadora con Chona Madera le lleva a hacer una relectura de la poeta donde la labor creativa se interpreta en clave actual y el resultado es una comprensión de la obra de Madera acaso mejor entendida ahora que en su propia época, porque Chona Madera es «poesía y emoción concentradas» (como titulara la investigadora su artículo precedente) y es esa emoción poética la que ha sabido ver e interpretar Yara García.
Hacer una antología es algo muy complejo, aunque alguno piense que es cortar un poema de aquí y ponerlo allá. Hacer una antología es pensar y repensar la forma de presentar la obra poética de un escritor sin hacer uso de los criterios de ese escritor que pensó sus poemas como libros y que el antólogo o la antóloga va a romper con otro concepto, con otro planteamiento muy distinto y dependerá del criterio que se opte que esa antología habrá de ser exitosa o, por el contrario, un fracaso. Yara García pensó –con gran acierto– que para dar una nueva visión de Chona Madera no valía con seleccionar poemas de cada uno de sus libros y presentarlos de forma cronológica, quería establecer (no olvidemos que ella es millennial) un vínculo con la autora (un vínculo emocional); reforzar aquellos aspectos en los que crítica y poeta coincidían, a pesar de la distancia temporal; destacar aquellos temas en los que Chona Madera incidía a lo largo de sus diferentes libros y con los que Yara García conectaba de forma especial.
De este modo surge una antología temática que se va haciendo a su vez de poemas de los distintos libros, constantes en toda la trayectoria de Madera: 'Tiempo y Memoria', 'Infancia', 'Emoción', 'Hipersensibilidad' (un tema que hoy somos capaces de entender, pero que en aquellos años tenía muy distintas interpretaciones), 'Idealismo y sueños', 'Amor', 'Muerte' (ahora solo un tema más dentro de muchos, pues antes se le calificaba como poeta elegiaca), 'Familia y amistad', 'Espacio/isla', 'Poesía y poetas'. Sólo con la lectura de estos epígrafes que han estructurado el trabajo, podemos tener una referencia clara de los derroteros poéticos de Chona Madera con gran precisión y de ahí el gran acierto de esta antología.
Debemos también a Yara García, –entre otras aportaciones varias y significativas–, que haya fijado definitivamente dos aspectos de la biografía de Chona Madera: una es el origen del hipocorístico Chona, que procede de Ascensión y, otra, la fecha de nacimiento, puesto que en la bibliografía venían barajándose varias fechas distintas y con la localización de la partida de nacimiento (que andaba ilocalizable) consigue fijar su nacimiento el 13 de abril de 1894, lo que la convierte en la poeta decana, trece años mayor que Josefina de la Torre (1907) y, por tanto, por edad, poeta del periodo de vanguardias. También la iguala a Domingo Rivero en la presencia tardía en el mundo poético, pues la publicación de 'El volcado silencio' lo hará con 50 años. Coincide también con Perdomo Acedo en esa cuestión que publicará su primer libro, La muerte imaginada, con 47 años, también de la mano de Juan Manuel Trujillo.
Estamos, por tanto, ante un feliz rescate, por el que debemos felicitar tanto a la Academia Canaria (a los que animamos a seguir por esa vía de recuperación y también de apuesta por los jóvenes), como a la investigadora, Yara García Cordero que, pudiendo hacer una aproximación a la obra de Chona Madera de corte más tradicional, decidió poner su especial sensibilidad de filóloga y lectora para ofrecernos una antología que resalta y proyecta la obra de Chona Madera y nos la ofrece de una forma singular ampliando la proyección actual de la poeta y haciéndola más próxima a las nuevas generaciones.
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