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El escritor grancanario Santiago Gil. Cober
En Guayedra está la última esperanza

Literatura

En Guayedra está la última esperanza

Santiago Gil presenta 'Los días de Guayedra', una novela refugio sobre la vida y sus contornos que hace una llamada al honor de Tenesor Semidán

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 12 de diciembre 2023, 00:04

La playa de Guayedra lava los pies de Tamadaba, como un ritual protector sobre uno de los últimos rincones de Gran Canaria que ha evitado ser devorado por las fauces de la depredación urbanística. Fue en esa orilla donde Santiago Gil fue incubando la fantasía de ser escritor mucho tiempo antes de que cristalizara en una realidad de larga distancia. Y allí crece 'Los días de Guayedra', una novela a cuatro voces, armónica y preclara.

Gil novela sobre un personaje troncal que da forma a la última ventana temporal de la obra: la de Tenesor Semidán, convertido tras el pacto con los conquistadores en Fernando Guanarteme. El escritor presenta un personaje al que el relato histórico ha desvestido de honor, apenas apelando a la conciencia que propició su pacto con la Corona invasora: «Se le tachó de cobarde por no morir en una batalla que ya estaba perdida. Y cuando una batalla está perdida en la vida lo que hay que hacer es darle forma de otra manera, por eso me interesaba como personaje. Se habla bastante poco de los pactistas, de los que buscan el entendimiento entre los seres humanos. Las guerras las pierden los moderados», indica.

La de Tenesor Semidán es una elección absolutamente premeditada. Gil se acerca a él como ambos se acercaron a Guayedra para mirar más allá de tiempo que los acoge. Y entiende los motivos que le impulsaron a aceptar un pacto que, probablemente, evitó la erradicación absoluta de eso llamado raza: «Me siento orgulloso de la mezcla de mis culturas. De esa conjunción de la sabiduría del universo, y de lo que se aprendió mirando a la naturaleza de otra manera más unida a la espiritualidad, con la que llega de la edad del Renacimiento», expresa.

'Los días de Guayedra' flota sobre la figura de Tenesor Semidán pero no es una novela de época, ni se detiene estrictamente en los tiempos de la Conquista y su posterior periodo histórico. Cose con ese hilo el motor de cuatro tiempos de un libro que es un desafío para el lector. Que obliga a una lectura pausada y compresiva. Que responda a la principal misión de la literatura, la de propiciar preguntas y hallar respuestas. El único camino a la reflexión.

«Me planteo la concepción de Canarias que tenemos los canarios del siglo XXI»

Santiago Gil

Escritor

Un trabajo en el que a su vez quiere destacar la labor como editor de Victoriano Santana Sanjurjo, al que agradece que le convenciera para aliviar peso y prescindir de un epílogo que contextualizara la obra por encima de las impresiones a las que pudiera llegar cualquier lector. «Lo que me planteo es la concepción de Canarias que tenemos los canarios del Siglo XXI. Más allá de ninguna tentación excluyente. Y eso es clave en la novela. Lo podía haber hecho más fácil sin tantas voces. Pero para mí la estructura y la voz son los temas capitales en novela. Y es que creo que la literatura no va de ponerlo fácil al lector. Necesitamos lectores inteligentes y exigentes», comparte.

Tenesor Semidán protege a su gente frente a lengua de mar que lame la arena del norte de Gran Canaria. Allí el escritor le cita con El Bosco o con Dante. Pero en este espacio que rompe frente a la cola de dragón que traza el relieve de esa cara de la isla se suceden las historias de los otros tres personajes que ocupan la narrativa de su último libro.

Gil se sienta a seguir los pasos de Tenesor Semidán cifrados en sus movimientos históricos. Pero habla gran parte del libro con el acento de isleños con los que comparte afluentes. «Lo que trato de contar en esta novela es la Canarias de las últimas generaciones. Estamos aquí porque decidimos estar aquí, a pesar de tener la posibilidad de estar en otro lugar. Teniendo esa posibilidad cosmopolita que creo, además, que es necesario tener. Por eso en la novela existen cuarto voces y tres de ellas transitan entre el siglo XX y XXI, coetáneos míos», señala.

Por las páginas de 'Los días de Guayedra' pasea cierta nostalgia. La del propio Santiago Gil, al que en las aguas de Guayedra encuentra un recuerdo vivo de lo que fueron sus años de juventud. En los que la isla todavía miraba al mar sin tener que ponerse de puntillas para ver las líneas del agua sobre el hombro de un espigón de hormigón.

Presentación

'Los días de Guayedra' se presenta ante los lectores que acompañan siempre a su autor este martes en la Librería Sinopsis de la calle Domingo J. Navarro. Además, la última novela del escritor grancanario también se encontrará con los lectores en Agapea (Franchy y Roca, 13) a partir de las 17.30 horas en una sesión de firmas el martes 19.

Anticipo vital

Santiago Gil finalizó la primera versión de 'Los días de Guayedra' en 2017. Los acontecimientos que han sucedido en su vida desde entonces, como el fallecimiento de su pareja Angélica Castellano, con solo 48 años, han moldeado su relato personal de una forma que siente que había anticipado su literatura: «De alguna manera, sin destripar nada, el Tenesor Semidán que planteó en la última parte de la novela puede estar contando la última parte de mi vida sin saber que yo iba a ser un poco un rey derrotado que nunca iba a dejar de creer en la vida, en la belleza y en el amor», explica.

El escritor natural de Guía no ha querido rendirse ante las circunstancias impuestas por la travesía desbocada del destino y de ello ha querido sacar leña para calentar su hoguera: «La vida me ha regalado amor y la posibilidad de seguir escribiendo. Esta novela ha tenido seis años de reescritura. Porque esta historia, que no es directamente la de mis verano de joven pero que podría serlo, la puedo contar ahora muchos años después. Porque cuando eras joven lo intentabas contar y te salían unas cursiladas tremendas. Esta novela es una novela de madurez. Más personal que literaria», manifiesta.

No ha sido sencillo, no obstante, pasar a limpio los apuntes cerrados hace seis años. Convertirlos en una historia que habla con la voz de otros pero que procede de tu interior. «Te sorprendes de cómo puedes afrontar ciertas cosas pero en un momento de la vida siempre hay que anticiparse a la derrota, porque siempre va a estar ahí. En esa versión adanista que nos plantean muchas veces de la vida parece que no existe la pérdida. Pero todos perdemos alguna vez. Y, además, varias veces tenemos los parteaguas de la vida y parece que tenemos que seguir de largo y no contarlo, cuando ese es el principal aprendizaje que nos deja la vida», finaliza.

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