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Cuando la vida le ha puesto obstáculos en el camino, el artista grancanario Pepe Dámaso siempre se ha aferrado a lo mismo. «La cultura es lo que me ha mantenido vivo estos 90 años», reconoce en su casa-taller de la calle Tauro del barrio capitalino de La Isleta en una semana especial que corona este sábado con su cumpleaños, que contará con un emotivo acto en el Huerto de las Flores de su Agaete natal a partir de las 12.00 horas.
«Estoy con la mente incluso mejor que antes, los 90 años los llevo en lo físico, pero es algo que tengo asumido», confiesa con una lucidez apabullante. «En estos 90 años que estoy a punto de cumplir, tras la enfermedad y ya al final de mi vida, estoy generalmente en pura meditación. No solo en torno a la religión católica, ya que he hecho muchas cosas con el yoga y el budismo. Creo en el ecumenismo y estoy con el papa Francisco, que se porta muy bien con los homosexuales, a pesar de los enemigos que tiene. Me pregunto mucho sobre el misterio de la salud y la muerte. Aunque la he pintado, me pregunto por qué yo vivo 90 años y gente más joven que yo se muere tan pronto... He llegado a reflexiones que no había alcanzado ni cuando pintaba los grandes cuadros con las calaveras. La vida en sí misma es hermosa y bella, a pesar de los tropiezos y los disgustos. Ahora, una chica, que se llama Verona, está haciendo una tesis sobre mi pintura con uno de los centros más importantes de México. La está analizando desde la antropología y está llegando a conclusiones muy interesantes. Le ha sorprendido el erotismo que hay unido a mi idea de la muerte, que no es solo un concepto como el de la muerte católica e inquisidora de la España negra. Soy más de Georges Bataille, por eso hice 'Las lágrimas de Eros'. En México han dicho que mi muerte es creativa, porque parte de la creación. Para mí, la muerte no es muerte en sí misma, no es un final y algo destructivo. Siempre hubo en mí una muerte alegre», explica sentado en el salón de su casa y con una cruz colgada en la pared a su espalda.
¡Felices 90 años, Pepe Dámaso!Ver 30 fotos
Cuando la enfermedad tocó a su puerta hace unos años y estuvo en la UCI tras ser operado, Pepe Dámaso se aferró a «la meditación y las lecturas», hasta que poco a poco fue recuperando facultades y pudo volver a crear. La fuente de una existencia que, considera, emana de su propia concepción. «Desde cuando mis padres hicieron el amor en las plataneras y me crearon, tengo dos constantes. La parte creativa, porque soy artista desde el vientre de mi madre. Y ser vanguardista, por eso estoy siempre con los jóvenes, no puedo vivir sin el Whatsapp, sin la comunicación moderna», apunta. «La parte creativa ha sido una constante para mí. Estuve 50 o 60 años como un sacerdote. Hay momentos en los que no tengo memoria de lo que hice, porque estaba siempre pintando y creando. De ahí que tenga más de 5.000 obras. Siempre he tenido mucha capacidad de inventiva y seguridad personal, así como mucha voluntad y perseverancia», añade.
Esa pasión y disciplina no le ha abandonado. Ni le abandonará mientras la cabeza le rija como hasta ahora y las fuerzas no le fallen. «He propuesto hacer para La Palma una cruz en el lugar en el que el volcán se comió la iglesia. Quiero que sea algo monumental y no me ha resultado sencillo. Pero no me parece ético mostrarlo todavía cuando aún la gente está viviendo en barracones por las casas que perdieron. Hay que esperar. También, tras el premio que me dio la Fundación Artisophia con Mariluz Laforet al frente, me puse a reflexionar sobre la paz para hacerla corpórea. Estoy en eso, me gustaría que fuera un monumento universal a la paz y estoy viendo si la paz es femenina, si es abstracta y dónde ubicar ese monumento que tenga una vinculación con Canarias, que incluya algún símbolo nuestro», avanza «en exclusiva», señala entre risas.
Pepe Dámaso reconoce que su vida ha sido «plena», con momentos de mucho disfrute en su juventud, sobre todo cuando tenía a su lado a su gran amigo, el artista lanzaroteño César Manrique. «Tuve mis momentos de juventud, de aprovecharme de la vida. He sido siempre vital y alegre, aunque la existencia a veces se interrumpe. He sido pleno y eso me unió con Manrique. Vivimos 40 años juntos. Éramos iguales, eso nos unió como pareja aunque nunca hubo homosexualidad. Nos unía el cariño y el amor por las Islas Canarias y por la cultura. Me quería por mi entusiasmo y por mi alegría, algo que tiene la gente de Agaete. Y es que La Rama marca. Él era parco en elogios frente a todo lo que no era Lanzarote y se sorprendía cuando iba a Agaete tras ver la alegría que reinaba entre la gente, cómo se encaraba el sexo, la libertad plena y la creatividad», rememora.
Su amplia y reconocida trayectoria le ha convertido en «una especie de gurú» para los jóvenes, señala entre risas y con su innata gestualidad. «Cuando vienen a verme, siempre les digo que estudien y que lean más. Que se informen. No es lo mismo tener una buena mano de pintor que lograr no quedarse en una simple abstracción sin un concepto ni una idea detrás del lienzo. Hay mucho pintor que se queda solo en la estética. No se trata de aspirar a que sean intelectuales, pero me encuentro con gente joven que no sabe nada de las vanguardias ni de cuando Picasso inventó el cubismo. El intelecto y el conocimiento son muy importantes para saber lo que se quiere. Tienes que tener un discernimiento para saber por dónde vas, incluso cuando te equivocas con tus creaciones. Siempre le digo a los jóvenes que el arte es duro, pero siempre paga al final. Tiene su recompensa, al menos por mi experiencia de perro viejo. Si lo trabajas, si eres profesional, si le entregas tu espíritu y eres perseverante, al final te llega la recompensa», subraya.
El artista culeto dice que siempre se ha sentido querido, no solo por los entendidos en arte sino por la ciudadanía en general. Pero ese sentimiento de afecto, asegura, ha crecido con el paso del tiempo y Pepe Dámaso tiene claro cuál es el motivo. «Creo que ese cariño ha ido a más cuando la gente ha descubierto que me quedé aquí. Millares, Chirino y César se fueron, aunque Manrique volvió. Desde Nueva York me aconsejó que me quedase. Soy archipielágico y universal. Soy de Agaete y ahora de La Isleta. Me da fuerza haberme quedado aquí. No podía renunciar a un contexto feliz, con el Valle de Agaete, La Rama, el Teide, Tomás Morales, Néstor, el buen tiempo y Las Canteras...», explica. «Fue muy importante que me fuera a Madrid para estudiar, pero después me quedé y tuve conciencia de ello en todo momento. Eso me ha ayudado a insistir en lo nuestro, en los guanches, en la arqueología, El Museo Canario... además de la muerte y el misterio de la creación», añade quien está radiante porque su creación para el belén de arena de la playa de Las Canteras se ha convertido en un sello que recorre todo el país.
Dámaso no se considera un pintor, sino «un artista total» que ha transitado por distintas disciplinas artísticas y bebido de múltiples estilos que ha llevado a su terreno para crear una firma propia. Esto le otorga una perspectiva a tener en cuenta para entender los caminos actuales del arte. «Una de las cosas que no me gusta del arte contemporáneo es lo banal que se ha vuelto. Es repetitivo y mercantilizado. Los jóvenes han tenido una facilidad de información enorme y eso genera mimetismo, se copian mucho, faltan voces personales. Tengo la esperanza de que aparezca alguien, como ha ocurrido en todas las épocas del arte, que revolucione», confiesa.
Durante su vida ha batallado en muchos frentes, «pero sin agresividad, porque mi carácter es puro». Y la fiereza la ha extraído de la cultura popular canaria. «Me gustan mucho los socarrones de los pueblos... los zorroclocos», defiende entre risas de nuevo. Tras lo que alza la voz ante una injusticia contra la que lucha desde hace años y que considera vital para el desarrollo artístico canario. «Soy duro y crítico con el centralismo. A veces en Madrid no nos hacen caso. Están los problemas con la aduana peninsular. Es una lucha contra la que hago un canto, contra una España que se ha cerrado a lo que se hace en Canarias. No sé si también el problema somos los propios canarios. Pero se tiene que hacer algo para que las obras de los artistas canarios puedan llegar a la península sin las trabas que sufrimos desde hace años, porque los artistas jóvenes hoy lo tienen muy complicado desde un punto de vista económico».
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