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Alejandro se ha pateado medio sureste para esconder 44 cajitas del tesoro que no esconden oro ni joyas. Su valor es bastante mayor, al menos simbólicamente. Son las llaves con las que este ingeniero de caminos agüimense, de 66 años, invita a conocer la historia y las costumbres de los tres municipios de la comarca del este grancanario. Son parte de las herramientas del juego 'Enigmas de Panchito Tarajano', fruto de la creatividad de este entusiasta de su tierra, y de su necesidad de matar el tiempo durante los meses de encierro pandémico.
La presentación en sociedad de esta curiosa y divertida iniciativa de Alejandro González, residente en Playa de Arinaga y miembro de la conocida murga local Los Sombreritos, tuvo este miércoles los honores de abrir la 17 edición de las Jornadas de Patrimonio Histórico de Agüimes, que se celebran también hoy y mañana, en el Teatro Auditorio emplazado en el casco del municipio.
Cuenta Alejandro que todo surgió cuando la covid andaba haciendo de las suyas a pierna suelta y sin depredadores, sin vacunas. Su hijo lo debió ver aburrido, o desinquieto, como gallina sin nidal, y le instó a escribir. El padre se puso a la faena y le salió un cuento, 'Los 3 doblones de a 8'. Y después vino el segundo. Casi sin quererlo, Alejandro se vio metido en una aventura de la que ya no supo escapar y que ayer quiso compartir con los asistentes a las jornadas.
Así fue como, casi sin quererlo, de la pandemia y del amor de Alejandro por su tierra y por su historia, nació un personaje, Panchito Tarajano, un policía jubilado «de los de antes», de talla grande, fuertote, bonachón, y «con mucha retranca», que hace de nexo de unión de los doce cuentos que han salido del ingenio de este agüimense y que conforman la serie 'Enigmas de Panchito Tarajano'. Es el protagonista de las doce historias, aunque lo que se cuente en cada una de ellas sea independiente y no tengan nada que ver entre ellos.
'Enigmas de Panchito Tarajano' invita a divertirse aprendiendo historia. Es un juego de conocimiento cultural, como lo presentó el Ayuntamiento de Agüimes en la nota en la que informó de esta nueva edición de las jornadas. Explica Alejandro González que cada cuento es un juego que, aparte del propio relato, incluye un glosario de palabras canarias, porque, como bien dice su autor, Panchito es un hombre del país y se maneja con el léxico local. Y también incluyen una serie de preguntas, o retos, entre dos y cinco, según el libro, que se convierten en un señuelo para que el lector puede profundizar en la historia que ya se leyó. Algunas de esas cuestiones se pueden resolver a golpe de clic, recurriendo a internet, y otras exigen gimnasia cerebral y algún que otro viaje a la búsqueda de uno de esos tesoros o pistas con los que Alejandro González ha sembrado la comarca. «Te puedes encontrar de todo, desde un pasatiempos que tienes que resolver, a un jeroglífico, un escudo nobiliario en tela o unas alcaparras». Están en unas cajitas protectoras, que, a su vez, están ocultas. Hasta 44 ha distribuido este ingeniero a lo largo y ancho de la superficie de los tres municipios. Para dar con ellas, cada cuento, que es como decir cada juego, trae consigo un plano y una ficha que hace las veces de pista para ayudar a encontrarlas.
Las hay por toda la costa, desde la ingeniense playa de San Agustín a Pozo Izquierdo, en Santa Lucía, pero también por las zonas de medianías de los tres pueblos. Alguna vez ha tenido la mala suerte de que se las encontrase quien no debía y que le quitaran la caja, y con ella, su tesoro, de ahí que Alejandro apele al civismo y haya incluido en ellas un papel en el que advierte de que forman parte de un juego y que, por favor, quien dé con una, que la deje donde estaba.
Alejandro ya ha puesto a prueba su invento y por ahora solo encuentra palabras de ánimo para que lo publique. «Bueno, y también tengo gente que me ha pedido que los ponga más fáciles». Su preferido es 'El último canarii', que, a su juicio, es, además, el más complicado, pero hay otros títulos igual o más sugerentes, como 'El costero y el tesoro de la isla salvaje' o 'El almojarife y la garota'. Por ahora no están a la venta. Son un producto artesanal que él mismo custodia en casa y que ha dado a jugar a los amigos. Pero confía en que llegue a interesar y que le ayuden a difundirlo.
Después de la presentación del juego de Alejandro se dio a conocer también este miércoles el libro 'La fotografía en Gran Canaria (1840-1940)', del historiador Gabriel Betancor, responsable del Archivo de Fotografía Histórica de la Fedac. Hoy jueves está prevista la proyección del documental 'La memoria de las plantas', a las 19.00, a la que seguirá la puesta de largo del proyecto 'Guía Insular, memoria de un territorio humanizado', un programa de la Fundación Lidia García para la recuperación y valorización de los testimonios y conocimientos que atesoran en su memoria las personas mayores. Y cerrará el día la ponencia 'El impacto de los usos históricos del suelo en la evolución ecológica del sistema eólico de Arinaga', del geógrafo Néstor Marrero.
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