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Operarios municipales trocean y trasladan los restos de la palmera caída este martes en Bravo Murillo Juan Carlos Alonso

Las Palmas de Gran Canaria

Las Palmas de Gran Canaria: la ciudad donde mueren las palmeras

La caída de un ejemplar en el acceso del subterráneo de Bravo Murillo se salda sin daños graves pero evidencia el mal estado en el que se encuentran estos árboles, de los que han desparecido 30 ejemplares en los últimos seis meses

David Ojeda

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 17 de diciembre 2024, 23:00

La imagen corrió por los móviles con la velocidad de un cometa. Las Palmas de Gran Canaria veía una de sus vías principales, la de Bravo Murillo, colapsada por la caída de una palmera en el interior del paso subterráneo que conecta la zona baja de la ciudad con la Subida de Mata. Pudo pasar algo grave pero la providencia lo evitó. Pero lo que sí es objeto de debate es el mal estado del arbolado en la ciudad, donde solo en palmeras se cuantifican 30 caídas en el último semestre.

El ejemplar de Bravo Murillo se quebró por la mitad y aterrizó sobre la carretera con la fortuna de que ningún vehículo quedó atrapado bajo sus restos. Pronto las colas protagonizaron ese acceso a la capital aunque la rápida actuación de efectivos del cuerpo de Bomberos y del personal de Parques y Jardines procedió a su retirada y a restablecer el orden circulatorio.

Desde el área que tutela el arbolado en la ciudad señalan que «el ejemplar tenía un estípite de unos siete metros y ha partido alrededor de un metro desde la base. El 22 de mayo de 2024 fue la última vez que se revisaron y podaron las palmeras de esa zona, incluida la palmera que este martes ha caído, y se encontraron en buen estado».

Y se señala al fuerte viento que ayer recorría la ciudad como la clave para justificar la pérdida de este ejemplar. Además del ejemplar de Bravo Murillo, se cuantificaban caídas de unas hojas de palmera sobre todo en los parques que tienen más arboleda como Doramas, Don Benito, Buenavista o Sixto Henriquez.

Lo cierto es que sobre esta palmera se hablaba mucho en la zona. Su situación geográfica la radicaba delante de la Casa Pipa de la Fundación Pequeño Valiente para niños con cáncer. Allí hace meses que vienen advirtiendo, aseguran aunque lo desmienten las fuentes municipales, del peligro de caída del ejemplar.

Al final, en cualquier caso, la palmera se vino abajo y se oficia ya un nuevo funeral por un ejemplar caído. Una triste tradición en una ciudad que debe su nombre a estos árboles.

Según especifican los técnicos del gobierno de la ciudad que acudieron al lugar del incidente, «en las observaciones visuales realizadas este martes se han observado daños por Diocalandra frumenti y larvas de Oryctes spp. Se ha tomado una muestra de la palmera y se ha llevado al laboratorio de la granja del Cabildo, una vez que se analice la muestra, obtendremos información sobre si hay presencia de hongos patógenos o no».

Que estaba podrida, en lenguaje llano. Esto no es un hecho aislado y se puede comprobar con las bajas que se consignan en el censo que el Ayuntamiento tiene de estos árboles. A día de ayer, el censo total de palmeras es de 22.635 unidades. Es decir, 30 ejemplares menos de los que existían hace seis meses, cuando este periódico solicitó el dato tras la venida abajo de otro ejemplar en la zona de Hoya de la Plata.

Pero es que la caída de ejemplares es imparable en los últimos tiempos. Por situar en un espacio temporal más amplio de tiempo, Las Palmas de Gran Canaria contaba en el mes de agosto de 2023 con 22.725 palmeras, 90 más de las que se cuentan en la actualidad.

El dato más antiguo que facilitan desde el área de Parques y Jardines se remonta a a 2017, cuando en la ciudad se sumaban 23.564 palmeras. Es evidente que la pérdida de ejemplares se ha ido acelerando en los últimos tiempos, cayendo unos 100 ejemplares al suelo de la ciudad en apenas año y medio.

Razones para las caídas

Este hecho tiene claras evidencias y motivos ya explicados por parte de los responsables del arbolado de la ciudad. El más señalado siempre es el de las plagas de diocalandra o de fusarium, aunque se advierte que no son las únicas responsables de la situación.

Las políticas de arbolado no han destacado nunca por ser las más relevantes para las distintas corporaciones municipales a lo largo de décadas. Y la falta de planificación es una de las causas de la acentuada degradación que ahora se paga con la vida de estos árboles.

Las problemas de Las Palmas de Gran Canaria son achacables también a la planificación negligente de los espacios donde se han plantado. Entre los efectos más nocivos están las calles estrechas de la ciudad en las que se han domiciliado, lo que obliga en múltiples ocasiones a podas excesivas ante las quejas razonables de los vecinos que ven como sus hojas se cuelan en sus casas.

Independientemente de los problemas que el fuerte viento que marcó parte de la calimosa jornada del martes creó en estos árboles, en Las Palmas de Gran Canaria el abandono sistémico de su arbolado está teniendo consecuencias trágicas para su censo. Cada vez más debilitado y propiciando que una capital que tiene por santo y seña lo de verde y viva cada vez pueda presumir menos del esplendor de estas figuras en sus calles.

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