Javier Velasco y Teodoro Sosa atienden las explicaciones de Verónica Alberto mientras Marta Alamón observa los huesos. C7

El Cabildo recupera 10.000 restos óseos de 169 aborígenes en Guayadeque

La cueva número 1 del Cementerio de los Canarios atesora el mayor repertorio de restos de indígenas de todo el archipiélago

Gaumet Florido

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 18 de diciembre 2020, 00:00

Una intervención arqueológica encargada por el Cabildo a la empresa especializada Tibicena permite recuperar casi 10.000 restos óseos pertenecientes a un mínimo de 169 individuos en una cueva funeraria de Guayadeque, lo que la convierte en un hallazgo inédito y «espectacular», como lo calificó este jueves varias veces una de las arqueólogas que participó en el proyecto, Verónica Alberto. En un primer momento retiraron casi 1.000 y en una segunda fase, entre finales de julio y principios de agosto, más de 8.500.

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Hasta ahora, la necrópolis donde se habían hallado restos de un mayor número de individuos era la de Maspalomas, donde se identificó a un total, ya cerrado, de 153 aborígenes, seguida de otras dos descubiertas en El Hierro, la de la Punta Azul, con 135, y la de La Laura, donde no llegan a 100. Dado que esta es solo una de las ocho cuevas que conforman el llamado Cementerio de los Canarios, emplazado en el barranco que sirve de frontera entre Agüimes e Ingenio, el volumen del hallazgo podría dejar muy atrás todos los registros conocidos. Además, Alberto subrayó que aún quedan muchos más restos en la cueva. «Solo se extrajeron aquellos que estaban en serio riesgo de desaparecer por su exposición a los agentes meteorológicos».

  • Por número de individuos Han recuperado casi 10.000 restos óseos de un mínimo de 169 aborígenes, pero habrá bastantes más

  • Por lo que dicen los huesos Hay de todas las partes del cuerpo, de todas las edades y de todos los miembros de la comunidad

  • Por la continuidad Abarca 200 años, con varias generaciones enlazadas familiarmente

Estas son las primeras conclusiones de la intervención que ayer fue presentada en el Cabildo por el consejero de Presidencia y Patrimonio Histórico, Teodoro Sosa, que aprovechó la convocatoria para anunciar el compromiso de la institución para financiar una segunda fase que permita ahondar en el estudio de estos restos. El siguiente paso será el encargo de varias dataciones de carbono 14 y del análisis de ADN y de isótopos estables que puedan extraerse de los restos que estén en mejor estado, según avanzó Javier Velasco, arqueólogo e inspector de Patrimonio Histórico del Cabildo, que recalcó que el objetivo de esta intervención fue proteger el enclave. De hecho, los restos que allí quedaron han sido cubiertos. Esta primera actuación se financió con 15.000 euros.

Las dataciones ya realizadas a partir de dos primeras muestras obtenidas en el diagnóstico inicial que se hizo del yacimiento en 2019 revelaron que esta cueva estuvo en uso entre los siglos IX y XI, por lo que, explicó Alberto, ya se sabe, de entrada, que al menos durante 200 años estuvo acogiendo los restos mortuorios de varias generaciones de una misma comunidad. A su juicio, esta investigación brindará una oportunidad única de conocer bien, a partir de estos restos, cómo vivían, de qué enfermaban o cómo se relacionaban. «Hay cuerpos muy bien conservados que se exponen, por ejemplo, en el Museo Canario y que fueron encontrados en cuevas de Guayadeque como esta, pero en su momento fueron retirados sin más, sin que sepamos el contexto que ahora sí tenemos».

Entre los primeros resultados que da el estudio de este enclave y de estos huesos está la constatación de que en las cuevas funerarias se minimizaban las diferencias sociales. Los cuerpos de todos los miembros de la comunidad, desde los niños a los ancianos, recibieron el mismo tratamiento funerario, envueltos en fardos fuertemente atados hechos de junco o de piel de animal, de los que se conservan restos.

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Subraya esta arqueóloga que todos los restos óseos aparecen sin conexión. Ningún esqueleto estaba articulado. Pero la ventaja es que hay muchos de todas las partes del cuerpo y de todas las edades, hasta el punto de que han podido concluir, por ejemplo, que había edades pico de mortandad, como los recién nacidos, la época del destete (año y medio) o los cuatro años. De lo que apenas se conserva son cráneos, lo que confirma que esta cueva ya era conocida en el pasado y que fue visitada por investigadores o curiosos para quienes esta parte del cuerpo era la más codiciada y se la llevaban. El grupo El Legado la rescató para el presente tras divulgar su hallazgo en 2019.

Restos de las mordidas de perros en uno de los huesos. c7

Entre las conclusiones de esta primera intervención figura la existencia de numerosas huellas de dentelladas de perros en los huesos. Es más, apuntó Alberto que, por el tipo de mordida y la zona del cuerpo en la que están hechas, los investigadores han podido determinar que estos animales devoraron muchos de los cadáveres cuando aún estaban frescos. Esto se sabe porque primero muerden el cuello y luego el tórax, para acceder a las vísceras, y ya después siguen con el resto del cuerpo.

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Esta especialista, que coordinó el estudio de este yacimiento junto a la también arqueóloga Marta Alamón, no se atrevió a decantarse por una hipótesis, pero sí subrayó que ha de ser objeto de un estudio posterior. No está claro si esa presencia de los perros formaba parte del ritual, cosa que ve poco probable, o si simplemente no podían impedir que estos animales, con los que convivían, entrasen en la cueva.

En general, explicó, los perros estaban muy presentes en aquellas sociedades prehispánicas,. pese a que aún sea un misterio dónde están sus restos. Apenas se conservan cuatro, dos provenientes de Guayadeque y dos dientes encontrados en dos fardos del Museo Canario.

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También apuntó Verónica Alberto que del estudio de estos huesos ha podido confirmarse que había un marcado diformismo sexual entre hombres y mujeres (ellos medían más de 1,70 y eran más corpulentos, y ellas, de esqueletos más gráciles y de 1,50 a 1,53). Es altísima la prevalencia de marcas en los huesos propias de estar mucho tiempo en cuclillas y también con las rodillas flexionadas (en ambos sexos). También se halló la pelvis fracturada de una mujer que, dada la lesión, no debía poder caminar y que tuvo que ser atendida, lo que revela un patrón social del cuidado. Solo hay dos huellas de agresiones violentas, pero tiene que ver con la escasa presencia de cráneos, que solía ser la parte preferida para los golpes.

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