Nostalgia de otros tiempos

¿Es cuantificable la deuda histórica que tiene el deporte canario con el balonmano? La cuestión cobra vigencia ahora, en tiempos de crisis y escaso eco de una disciplina que ha perdido jerarquía en el Archipiélago. Así lo reconocen figuras relevantes que analizaron pasado, presente y futuro en la redacción de CANARIAS7. La autocrítica se conjuga con el optimismo.

Lunes, 20 de julio 2020, 07:05

Canchas llenas, fervor en las calles, canteras a rebosar, expectativas a la vanguardia nacional. Así respiraba el balonmano canario hace unas décadas, en su plenitud. «Funcionábamos como nadie en España», suelta Leoncio Castellano. La modernidad ha traído un escenario doloroso. Han desaparecido los escudos (Canteras, Gáldar, Juventud..) y lo que queda malvive entre incertidumbres (Rocasa, Ingenio, San José Obrero...). «Ninguna persona en el poder del deporte canario ahora ha sido gente del balonmano. Y eso, bien que se nota ahora», razona Antonio Moreno, quien edificó el actual Rocasa Remudas después de unos remotos inicios en «una explanada de tierra, una pelota rota y tres chiquillas». Blas Parrilla, presidente de la federación, recuerda que «se ha dejado de trabajar el balonmano masculino», que el femenino «está más diversificado» (no pasa por alto el campeonato de España infantil del Morro Jable como mérito «impresionante») y que todo se traduce en «un desarraigo muy grande» de la disciplina en los medios de comunicación. Turno para Conrado Domínguez, quien estima que «pese a estar malviviendo», el balonmano «pervivirá en Canarias» aunque reclama «un planteamiento de futuro claro y conjunto» para encarar «esta travesía en el desierto». Habla Pepe Luis Domínguez y se hace el silencio. Acumula décadas con el balonmano inyectado en vena: «No hay paso abierto a la juventud y la Primera División provincial se ha convertido en un torneo de veteranos», enfatiza al tiempo que pide que se grave con cuotas la edad para competir que supere los treinta años. «De lo contrario, aquí no volveremos a tener a un David de la Hoz, Ambros Martín, Sarmiento o Ben Modo». Óscar Raluy no arroja la toalla: «Hay que potenciar a Canarias como destino de concentración de equipos. La idea del centro FIBA aquí como dinamizador del baloncesto es un ejemplo espectacular». Las preguntas que trae Leoncio Castellano provocan el lamento generalizado: «¿Qué ha sido de las escuelas, del balonmano en el deporte base? ¿Cuántas fichas hay en relación a nuestra demografía?¿Saben que juntando al Rocasa (Remudas) y Jinabal (Jinámar) ya hay más licencias que en toda la capital de Las Palmas de Gran Canaria? ¿Por qué ya nadie se mueve, hablo de Federación, Cabildo, concejalías de deportes, para levantar esto?». Tercia Rafa López: «Las escuelas son la clave. O se implanta el balonmano en las escuelas o morimos». Antonio Álamo piensa que «de manera espontántea, surgirá el relevo generacional». A Ben Modo y Rita Hernández les llega hasta el tuétano la parálisis de una disciplina que les marcó la vida y les hizo felices. «Nadie capta al niño ni se interesa por enseñar como se debe. Quiero demasiado al balonmano como para tragar con lo que tenemos. Inmovilismo en la federación, guerras, enseñanzas lamentables con niños fintando conos...». Rita interviene emocionada: «Nadie me ha dado la oportunidad en Telde de transmitir lo que sé. Y me duele porque me pusieron un pabellón a mi nombre para utilizarme políticamente. Coincido con Ben Modo. A mí me apasionaba entrenar, era mi vida. Eso ya no existe». Dora Hernández lamenta multas federativas que abarcan hasta benjamines («así es imposible formar y educar como queremos»). José Carlos Hernández remacha: «En los colegios, un alumno, un deporte. Es la solución».

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