Carrera fugaz, recuerdo imborrable

Viernes, 17 de julio 2020, 09:26

De la mano de los hermanos Cecilia arrancó la historia en el boxeo de José Antonio Medina (Las Palmas de Gran Canaria, 1939). Pisó el gimnasio de La Cícer a escondidas, porque en casa no veían bien que se adiestrara con los guantes. Inicio de lo que vendría después.

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José Antonio, como se le conoció siempre en el gremio, prosperó pronto en el peso pluma, «con esos 57 kilos siempre bien medidos», como subraya para dar fe de la disciplina colosal que se imponía en los planes de entrenamiento de entonces. Y de manera furtiva, sin el consentimiento paternal, vivió su bautizo en el ring con 16 años, ya moldeado para las exigencias del cuadrilátero. Tales fueron sus credenciales que poco tardaron en retarle con Kimbo, el teldense universal, y con el que protagonizaría una pelea memorable, como destacan las crónicas de aquel día. «Perdí. Kimbo era mucho Kimbo. Pero eso no fue obstáculo para que acudiera a los Nacionales como independiente en mi peso. A todos les gustó mucho mi manera de pelear y eso me permitió ir a Madrid», detalla.

Y en la capital de España, José Antonio, encuadrado dentro de la selección de Gran Canaria, se colgó la medalla de bronce. Ganó dos peleas por abandono y acabó tropezando con el que sería el campeón del peso pluma y dentro de un equipo memorable que también reinó en toda la geografía nacional. Ahí se data su gran logro. Con 18 años, su proyección le permitió un hueco en la elite, coronándose con un metal que confirmaba las excelentes expectativas puestas en él.

A su regreso, salvando alguna que otra velada más ( «me hicieron pelear con Teivol, al que gané a los puntos, por 1.000 pesetas de la época»), José Antonio tuvo claro que su destino en el boxeo tenía caducidad. «Me daba más mi negocio de cordelería. Y también pensando en mi futuro porque, con mi estilo, siempre tirando para adelante con todo, sin miedo a nada ni nadie, el recorrido que me esperaba no era muy largo», recuerda. Y no se equivocó al orientar sus pasos a la faceta empresarial, en la que también se hizo un nombre.

A su prematura retirada dejó atrás 32 combates, algunos muy mencionados y alabados. Modesto, significa que no tuvo padrino y que todo lo que logró, ese bronce inolvidable, vino por su trabajo y humildad. La receta que le permite seguir siendo recordado con todos los honores.

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