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La soledad de Clavijo

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Manuel Mederos

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Siendo, que lo es, importante que una moción de censura prospere, en el caso canario el aislamiento y la soledad del presidente del Gobierno, Fernando Clavijo, es un fino cuchillo que lentamente corta las venas que desangran a un Gobierno. El equipo Clavijo nos ha tratado de vender normalidad absoluta en la minoría parlamentaria para formar Gobierno. De hecho hemos pasado la Navidad de acto en acto, siempre oficial y solemne y asistido  a declaraciones grandilocuentes que han tratado de obviar y ocultar lo que salta a la vista, que por mucho ritmo protocolario y sorpresas en los nombramientos de expertos, en el Gobierno se pasa mucho frio después de dejar escapar, a la ligera, el poder y quedarse desnudo y a la intemperie, a expensas de supuestos amigos, de reconocidos  enemigos y bailando al descontrolado ritmo que impone la política nacional, de la todos depende en Canarias, incluidos la de los que presumen de independencia.

Echar al PSC del Gobierno y no lograr un pacto estable con el PP, desde dentro o desde fuera,  ha situado a Fernando Clavijo en la más absoluta debilidad y, ahora en la más triste de las soledades, al menos de cara a los enemigos, que harán causa común durante algún tiempo con sus amigos para escenificar ese estado de precariedad, que es, precisamente, el menos que le gusta para el poder con mayúscula.

 Las desventajas de no saber amarrar el poder son muchas y Clavijo las sufre todas, aunque crea que aún es capitán del barco, que lo es, de forma legal y legítima, pero también democráticamente disminuido o desprestigiado. Lo queramos o no, que la tercera fuerza política en votos tenga todo el poder en Canarias, es una anomalía que solo puede ser subsanada con un pacto, del tipo que sea, que acumule más votos y diputados y que reactive su legitimidad política, que no legal.

Hasta este miércoles sabíamos que Asier Antona había prestado su  apoyo, no explícito, a Clavijo. No dejó de decirnos que daría estabilidad al Gobierno, eso sí, sin mojarse demasiado. Pero sus declaraciones de este miércoles en CANARIAS7 y otros medios lo colocan en una tesitura completamente distinta respecto de su cómplice político, de su mejor aliado, hasta la fecha. Con Clavijo, Antona estaba bien situado para montar determinadas acciones políticas y legislativas en las que confluyen ideológicamente y para acceder a  medio Gobierno y garantizar su elección como presidente del PP de Canarias en el próximo congreso.   

Antona no es tonto. Ha logrado ser el eje de la política regional, desplazar al propio presidente del Gobierno convirtiéndose en su guardián, en su carcelero, pero ahora ha dado un paso más, que, posiblemente, tenga mucho de teatral, pero que lo convierte también en su verdugo. Hoy, Clavijo tiene una espada más en alto en el pasillo del patíbulo en el que se metió.  Antona, al salir de la indefinición  y lanzar un órdago a quien lo provocaba, se sitúa como el eje de la moción de censura que hasta ahora impulsaban otros.

Posiblemente estamos ante la más pura de las políticas palaciegas, en una representación de la máxima envergadura en la que gana Antona, haga lo que haga, y en la que pierde Clavijo que debe soportar la minoría, la soledad y los dardos. Hay que reconocer que poner de acuerdo a la derecha y a la izquierda para una moción de censura es muy difícil en las actuales circunstancias, pero no imposible, sobre todo si el censurado tampoco tiene suficiente inteligencia para abortar la soledad. Las cosas dentro de CC deben estar bastante crispadas con el clavijismo, sobre todo con la debilidad y la soledad. este miércoles, desde Fuerteventura,  Mario Cabrera,  en un gesto de desesperación, pedía a su partido volver a gobernar con los socialistas con otro pacto frente al vacío que se extiende a sus pies. Desesperación, como bien digo.

La izquierda es picajosa con las cosas del poder y ya tienen su guerra por las poltronas, pero que un tercero como Antona ponga como condición la Presidencia en un acuerdo para echar a Coalición Canaria del Gobierno, crispa más el asunto,  que en el fondo, muy en el fondo, es  lo que puede buscar el líder del PP. Antona es hoy es el centro de toda la política local. No puede entrar en el Gobierno de Clavijo porque Madrid no lo autoriza, y tampoco puede echar a Clavijo por la misma razón, pero si puede jugar a hacerse mayor, bien intentado una carambola para que la izquierda lo haga presidente, o bien destrozando esa vía de acuerdo para presentar el único camino viable, el que sentimental y realmente quiere, el menos problemático desde el punto de vista ideológico, el más trabajado en cenas y almuerzos y el que le permitiría ser vicepresidente del Gobierno y presidente del PP de Canarias.

 Pero este juego tiene un árbitro, que no es otro que Madrid, y mientras PSOE y PP no terminen con su luna de miel y aclaren sus posiciones, solo permitirán que continúe el juego para  comprobar, en algún momento, cómo va la partida y si merece la pena darlo por finalizado y proclamar un vencedor.   

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